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Yoga entre señoras: programa de salud propone la meditación para sanar traumas

Ricardo Ibarra
Written by Ricardo Ibarra

Respirar. Aprender a respirar. Inhalar, exhalar. Uno. Dos. ¿Quién diría que hay que aprender a hacerlo? Emma García González tiene 61 años, pero apenas en los últimos seis meses ha aprendido a conocer su cuerpo como nunca lo había hecho. Es una abuela, y es una nueva practicante de yoga.

García González nunca había practicado nada parecido al yoga, de hecho le parecía algo fastidioso. Desde que participó en la primera sesión de yoga en La Luz Center, en abril, su visión se ha ido transformando: “Antes pensaba que el yoga era aburrido, ahora veo que es todo, en general. Se trabaja mente, se trabaja cuerpo, se trabaja espíritu… se trabaja todo”.

Llegó a vivir la experiencia de esta técnica oriental de meditación en movimiento por invitación directa de una desconocida, cuando recorría los pasillos de Sonoma Market. “Se acerca y me pregunta si quería hacer yoga. Yo le tenía desconfianza”. Pero después de la explicación, llamó al centro La Luz, y aunque la primera sesión estaba llena, asistió, participó, y ahora es la practicante más longeva.

Esa enigmática mujer que llegó para invitarla era Ivana Nedelchev, una uruguaya que ha practicado el yoga por unos 30 años, y que a su vez fue contactada por Healthcare Foundation para compartir sus conocimientos en un programa de sanación y alivio del estrés, posterior a los devastadores incendios de 2017.

Estas clases son para Nedelchev un sueño, desde que vino de Uruguay a California: impartir yoga en español.

“Mi primera lengua es el español, y poder ofrecer clases de yoga en mi primera lengua es muy importante para mí, tiene mucho valor. Si bien no fui sobreviviente de los incendios, tenía muchos traumas en mi vida y el yoga me mostró otra forma de entender las cosas, de comunicarme, y cuando a una algo le hace tanto bien, lo quiere compartir con otras”, dijo Nedelchev.

“Esta clase de yoga es como ninguna otra en el Valle de Sonoma”, explicó Angie Sánchez, gerente de extensión comunitaria en La Luz Center. “Ivana rompe la barrera del idioma al ofrecer la clase en español, es sensible y culturalmente apropiada”.

Sánchez añadió que La Luz ha estado trabajando para romper el estigma entre latinos sobre la salud mental, “por lo que cuando Ivana presentó su propuesta de yoga, sabíamos que era una asociación beneficiosa para la comunidad”.

Healthcare Foundation, con sede en Healdsburg, ha desarrollado más que un programa de alivio del estrés con clases de yoga, luego de los incendios de octubre de 2017, que mataron a 40 personas y quemaron más de seis mil inmuebles en el condado de Sonoma, y actividades terapéuticas que son bilingües y biculturales. Tienen en línea el sitio mysonomastrong.com y el app Sonoma Rises (disponible en Android y Apple), que a dos años de los incendios ha impactado a miles en el Norte de California, según dijo su directora ejecutiva, Debbie Mason.

“Todos estos servicios son gratuitos. Y la población latina puede acceder a ellos sin tener que proveer documentación alguna ni si tuvieron que evacuar durante los incendios. Si alguien se siente afectado por lo que sucedió, debería de buscar estos servicios”, señaló Mason.

Al crear una cuenta en mysonomastrong.com, el usuario puede buscar autoayuda para aliviar síntomas de depresión, tristeza o ansiedad, incluso monitorear el avance de su sanación, explicó Mason. “Hay también opciones para obtener consultas terapéuticas individuales o grupales. Hay sesiones de yoga y meditación”, agregó.

Respecto a las clases de yoga, dijo que ampliarán el programa en español a otras dos ciudades del condado de Sonoma, mientras que la del Valle de Sonoma continuará gratis hasta el próximo año.

En la clase de yoga de La Luz Center, las ocho mujeres participantes enrollan sus tapetes luego de los ejercicios de respiración y de estiramiento, adentro del salón de altas bóvedas y con retratos de hombres y mujeres en blanco y negro que miran como fantasmas de otro tiempo.

Emma García González, la abuela de 61 años, recordó el miedo que sintió aquel día de los incendios. Cómo se puso “como loca” ante la confusión de aquellas horas de pánico. Ahora, dijo, considera que ha aprendido a controlar sus emociones. “Respiro con más calma, más paz. Sigo aprendiendo a conocer mi cuerpo, a ver hasta donde mi cuerpo puede trabajar, cuestiones que antes desconocía”.

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