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Ya va llegando diciembre y sus posadas… y un rayo de luz para las pequeñas empresas de Sonoma

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Written by John Beck

Puede ver esta nota en inglés aquí.

Lo más cómodo que podemos hacer en esta temporada navideña es hacer pedidos en Amazon y nunca salir de nuestras casas. Pero, ¿qué alcances tiene esto para las pequeñas empresas locales? Conoce a algunas de esas empresas en este artículo.

La lucha es tangible para las pequeñas empresas de Sonoma mientras da un giro y enfrentan nuestro momento de pandemia. Esta temporada marca un rayo de esperanza, una oportunidad de recolectar una efusión de efectivo vital y de hacer hacernos de valor para lo que sea que nos depare el nuevo año.

Franklin D. Roosevelt dijo una vez: “cuando llegues al final de la cuerda, haz un nudo y agárrate”. Tal vez haya estado hablando de la Gran Depresión, pero esa misma desesperación se apropia de nuestra economía pandémica. En este punto, más de ocho meses después de que comenzara el brote, incluso el nudo comienza a debilitarse.

“Es como la jardinería. A la gente le atrae tener un jardín, pero si no lo riegas, las plantas morirán”, dice Andy Weinberger, propietario de Readers’ Books en Sonoma. “Si no apoyas a estas tiendas y boutiques que tanto respetas, ya no estarán allí. Tienes que regar el jardín”.

Tamales Maná

Vender alimentos esenciales para trabajadores esenciales, incluso después de un susto de Covid.

En julio, cuando un trabajador resultó positivo por Covid-19, los dueños, Manuel Pérez y su esposa Lucina Cardona, creyeron que podría significar el fin.

“Nos preguntamos si alguien se le antojaría volver a comer nuestros tamales”, dice Cardona, mientras degustaba un tamal dulce de pasas, una tarde en su tienda y cocina comercial en Petaluma Hill Road en Santa Rosa, donde elaboran unos de 1.200 tamales al día. Un letrero de “Dios bendiga a América” ​​cuelga de la pared junto a ella.

Durante los últimos 10 años, desde que Pérez empezó a vender las adictivas golosinas de masa rellenas en un estacionamiento de Food Maxx y frente a un supermercado, la pareja ha atendido a un público que le es devoto. Al principio, todo se hacía a mano, incluyendo la salsa, en su recuerdo, todavía tienen la batidora de alimentos de encimera original que Cardona compró gracias a un generoso descuento para empleados de Mervyn.

En tiempos en los que muchos inmigrantes mexicanos mandan dinero a su tierra natal, Pérez y Cardona hicieron lo contrario, pidiéndole a sus parientes en México que les prestaran dinero para comprar un nuevo carro de comida de $9,000 con los respectivos permisos. Fue el mayor riesgo que jamás habían corrido.

Mas luego que su cocinero principal, quien prepara un nuevo bache de tamales a la 1 a.m. todas las mañanas, resultó positivo por el virus. La pareja tuvo que cesar las operaciones durante 14 días, el equivalente a más de 16,000 tamales o $42,000 en ventas.

“Afortunadamente, ya había solicitado el préstamo PPP y llegó a tiempo para ayudar a nuestros empleados a irla pasando”, dice Pérez. “Pero todavía fue un momento muy aterrador para todos”.

Cuando se retiró la cuarentena y nadie más dio positivo, el restaurante hizo solo la mitad de la cuota diaria de tamales para ‘tantear’ el agua a los camotes en la primera semana de vuelta. “Queríamos ver si alguien vendría”, dice Cardona. “Cuando volvieron a hacer fila, supimos lo afortunados que éramos”.

Su carrito de tamales en el centro comercial en la esquina de las carreteras Dutton y Sebastopol representa aproximadamente el 80% de las ventas, y lo demás proviene de pedidos para llevar en la tienda de Petaluma Hill Road. Los trabajadores hacen línea desde las 5:30 a.m. para recoger el almuerzo antes de salir, a menudo a los campos, viñedos y obras de construcción. En cierto modo, Tamales Maná (“tamales del cielo”) produce alimentos esenciales para alimentar a los trabajadores esenciales.

A la vez que se aproxima el mes de diciembre, la pareja desea recobrar parte del dinero que perdieron durante la cuarentena y los primeros meses de COVID cuando las ventas bajaron al menos un 40% y tuvieron que reducir las horas de los empleados. Sí ayuda el hecho que los tamales sean una gran tradición navideña mexicana. Cardona recuerda haber comido sus primeros tamales durante las celebraciones navideñas en la Ciudad de México, donde creció. Y Pérez los comía de niño, siempre envueltos en hojas de plátano, las cuales abundaban donde vivía en Acapulco.

“Las fiestas son tan locas, y todos tienen que comer sus tamales, que el año pasado tuvimos que agregar el 23 de diciembre como día para recoger tamales, porque no podríamos hacer más tamales para el 24 de diciembre”, dice Pérez. “Esperamos que incluso con la pandemia, este año sea igual”.

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