Comunidad

Omar Gallardo, el amor y el respeto a la Madre Tierra

Suzie Rodriguez
Written by Suzie Rodriguez

The Press Democrat [English version]

Hace ocho años, los seis acres de Bayer Farm en Roseland eran un campo lleno de basura en una zona olvidada y marginada. Hoy es un área vibrante con naturaleza, 30 parcelas individualizadas para familias, espacio para que los niños jueguen, con cabras, caminos pavimentados para caminar y con muchas oportunidades para la interacción y el aprendizaje de la comunidad, como un programa de lectura para niños y sus familias.

La idea comenzó con LandPaths, una organización sin fines de lucro que vio el potencial de Bayer Farm. Estaba ubicado cerca de una zona residencial con familias de bajos ingresos, en gran medida un vecindario latino con el potencial para llegar a un público más diverso.

Omar Gallardo, director de extensión y diversidad para la organización, jugó un papel clave para que fuera posible. Llegó hace tres años y comenzó a forjar la colaboración comunitaria que dio vida a Bayer Farm, al servir como enlace entre LandPaths, el Departamento de Parques y Recreación de Santa Rosa, la comunidad y los voluntarios.

“Ayudé a desarrollar líderes para que participaran efectivamente con el programa y asumieran la responsabilidad del jardín”, dijo Gallardo, “y fomenté y coordiné numerosos proyectos que tenemos ahora, como el programa de comida gratis y otro de lectura”.

Fue un proyecto que resonó en Gallardo, quien desarrolló su amor por la naturaleza desde que era un niño.

“En México, los parques públicos son parte de la vida diaria”, dijo. “Incluso la ciudad más pequeña tiene un zócalo, una plaza pública, donde la gente pasa el rato. Los parques urbanos son extremadamente importantes para los barrios, también. Son la puerta de acceso a una comunidad, los lugares donde la gente se reúne, pasa el rato, comparte y celebra.

“Eso es particularmente cierto para las personas que no tienen patios ni jardines propios. En Bayer, es bueno ver personas que se reúnen desde todas partes: de Michoacán y otras partes de México, o son congoleños, vietnamitas, africanos, caucásicos.

“Es un lugar para enseñar las lecciones esenciales para tratar a la Madre Tierra con respeto en el condado de Sonoma, una forma de invertir en el futuro de nuestros hijos”.

Gallardo nació en Michoacán, México, y llegó a California con sus padres cuando tenía 5. Unos años más tarde, cuando su padre tuvo un accidente, la familia volvió a México y conoció la agricultura.

“A nosotros como niños nos encantaba”, dijo. “Nos cautivaba andar al aire libre. Teníamos un río cerca; cultivábamos maíz y vegetales. Mi papá nos explicaba que nuestro bienestar dependía de lo que producíamos y de cómo cuidábamos de la tierra”.

Eventualmente la familia volvió al condado de Sonoma, donde Gallardo continuó su entusiasmo por los espacios exteriores.

“Pasamos mucho tiempo en Jewel y el Parque de los Patos“, recordó. “Así es como llaman los latinos al parque regional de Spring Lake y Howarth Park. Íbamos mucho al lago de Sonoma, también, el cual no quedaba lejos de nuestra casa en Geyserville”.

Gallardo terminó ‘high school’ y comenzó su camino a Sonoma State University, con el objetivo de convertirse en profesor. Uno de sus trabajos de verano fue con el programa de California Mini-Corps, el cual instruye a estudiantes migrantes. En una de las semanas de educación al aire libre, acampó por primera vez.

“Esa experiencia revivió en mí lo que yo valoraba sobre la vida en México”, expresó, “estar al aire libre, conocer y amar la tierra. Adquirí ese amor de mis padres, pero lo desarrollé aún más y lo comprendí más profundamente cuando estaba en Mini-Corps”.

Omar Gallardo ayuda a adolescentes a poner una tienda para acampar en el condado de Sonoma. [John Burgess/The Press Democrat]

Omar Gallardo ayuda a adolescentes a poner una tienda para acampar en el condado de Sonoma. [John Burgess/The Press Democrat]

Después de obtener su licenciatura en historia, Gallardo trabajó en escuelas locales con niños migrantes, como educador al aire libre; como especialista en salud mental para un centro comunitario de asesoría en Santa Cruz; y como organizador principal para el Graton Day Labor Center. Llegó a LandPaths hace cuatro años.

Como director de extensión y diversidad para la organización con sede en Santa Rosa, Gallardo considera relevante conectar a los niños y las familias menos favorecidas en el Condado de Sonoma con la tierra, para mejorar su salud física y mental, así como para mejorar las comunidades en las que viven.

“Hay tal abundancia de belleza en el condado de Sonoma,” señaló Gallardo, “y muchas personas han trabajado duro para que sea así. Pero la demografía está cambiando. Si queremos desarrollar personas que cuiden de la tierra para las siguientes generaciones, deberíamos dar a todos la oportunidad de estar expuestos a su belleza y su importancia. La gente no va a comprender si no ha sido expuesta a ella, pero una vez que ven y disfrutan de esa belleza van a querer protegerla.

“Por eso nos acercamos a la gente que no ha sido capaz de conectar con la tierra en el condado de Sonoma. Queremos reconectar a niños y sus familias con la tierra, exponerlos a la agricultura y a los espacios abiertos. El futuro depende de ello”.

En LandPaths, Gallardo, junto al personal de la organización, ha creado programas que ayudan a los niños de escasos recursos y sus familias a profundizar en la naturaleza.

El programa Inspired Forward lleva a adolescentes a espacios exteriores cuatro veces al año. Y luego, Vamos Afuera ofrece una salida mensual guiada en español, lo que hace la visita a espacios abiertos más cómoda.

“Hace unas semanas estuvimos en Cloverdale”, explicó Gallardo. “El próximo mes estaremos en East Sonoma Mountain. Una vez al año organizamos un viaje para acampar en Yosemite, da la oportunidad a las familias de conocer este lugar si nunca han estado ahí”.

Uno de los aspectos más difíciles en la labor de Gallardo es convencer a personas que trabajan cinco o seis días a la semana en tomar una caminata o ayudar a mantener una vereda.

“Soy de una familia migrante”, dijo. “Yo sé lo difícil que es trabajar en el campo. Así que pedirle a alguien salir y ayudar a desarrollar un sendero en su día de descanso no sale bien muchas veces. Toma varios encuentros, explicar por qué es saludable y gratificante pasar tiempo en el campo abierto. Pero creo que está cambiando. Los aspectos de la salud están impulsando a la gente. Quieren salir más y más.

“Lo que pasa es que no siempre podemos asumir que el gobierno u otras entidades van a hacer lo mejor para nosotros. Tenemos que invertir en nuestra propia comunidad y subrayar la protección de nuestra tierra… Todos tenemos la responsabilidad de proteger lo que tenemos para nuestros hijos. La Tierra depende de ello”.

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