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La reivindicación de la cultura mexicana en California tiene forma de huipil

Hace apenas unos años, María Mendoza no podía encontrar tiendas que vendieran huipiles, blusas bordadas o vestidos tradicionales hechos ​​por mujeres indígenas mexicanas y centroamericanas. A menudo asociados con Frida Kahlo, las prendas decoradas con flores vibrantes y diseños geométricos eran difíciles de encontrar, hasta hace poco, cuando Mendoza comenzó a verlos aparecer en las tiendas y mercados en el Área de la Bahía.

“Eran artículos que sólo podías obtener en México“, dijo.

Cómodos y versátiles, los huipiles ahora componen la mayoría de su guardarropa.

Son similares a las vestimentas de su abuela, una indígena de un pequeño pueblo cerca de la frontera de Veracruz y Oaxaca, en el sureste de México.

“Es mi manera de honrarla y conectarme con ella”, dijo Mendoza, egresada de Sonoma State University con especialización en estudios chicanos y sociología. “Es una forma de identidad y de conexión con mis raíces”.

Cada vez más, estudiantes latinas y jóvenes profesionales de todo el estado están adquiriendo huipiles y otros trajes tradicionales, incluyendo los vestidos de tehuana y las faldas de adelita —vestidos largos y fluidos usados ​​por las mujeres militares de la Revolución Mexicana. Es una forma de mostrar su cultura y mostrar resistencia en momentos en que la retórica anti-inmigrante se intensifica en los Estados Unidos, dijo Roseanna García, fundadora de Latina Fashionista, basada en Los Ángeles.

Mientras notó que este estilo de ropa volvió a emerger en los últimos dos años, dijo que realmente se ha levantado el negocio desde enero. Ha visto a más latinas mostrándose a favor de la inmigración y a las mujeres con su atuendo durante marchas.

“Estoy feliz de ver a las mujeres hispanas, mujeres jóvenes, no tener miedo de mostrar quiénes son, su cultura y su raza, expresándola a través de la moda”, dijo García, cuya organización se dedica a impulsar el número de latinas líderes en la industria de la confección.

Las jóvenes latinas no son las únicas que gravitan hacia las blusas bordadas, vestidos y faldas. Van hacia los estantes de grandes compañías del vestir —algunas optan por imitaciones chinas.

Puede ser difícil competir con las imitaciones más baratas, dijo Margarita Reyes, una residente de Santa Rosa que vende huipiles, faldas de adelita y otras prendas en La Pulga de Sebastopol, y en línea. Sin embargo, prefiere comprar su inventario directamente a las mujeres que hacen la ropa en México. La ropa viene de Oaxaca, Puebla y Tlaxcala, áreas reconocidas por sus bordados, tejidos y textiles.

“Esto es auténticamente mexicano. Es hecho a mano”, dijo Reyes sobre la mercancía que tiene en su puesto, donde decenas de faldas florales con colores brillantes, vestidos y blusas se balanceaban en el viento una tarde.

Reyes dijo que ha estado vendiendo la ropa desde hace unos dos o tres años. Empezó con sólo unas cuantas blusas, antes de que el negocio comenzara a crecer y los clientes comenzaran a pedir artículos.

Blanca Caishpal ofrece ropa similar en su tienda Novedades Blanqui, sobre Sebastopol Road, en el suroeste de Santa Rosa. Empezó a llevar ese tipo de ropa después de ver un creciente interés.

“Tiene que ver con la televisión. De repente las estrellas de cine comenzaron a usarlas“, dijo mientras mostraba un vestido negro con flores multicolores bordadas a lo largo del escote y un gran pavo real en una esquina inferior.

Las mujeres compran los vestidos para ocasiones especiales, incluyendo graduaciones universitarias, dijo Caishpal, dueña de la tienda por 11 años. Una gran cantidad de estudiantes de Santa Rosa Junior College y Sonoma State University han entrado a su tienda para  buscar los vestidos y blusas, dijo.

La ropa se fabrica típicamente con manta, un algodón natural usado de manera común por los indígenas de México debido a su accesibilidad y disponibilidad, dijo Anthelma Acevedo de Arellanes, residente de Windsor y diseñadora de ropa. Cada aldea o región tiene su propio bordado único, dijo.

Originaria de Oaxaca, ella ha estado agregando elementos de los diseños tradicionales de su pueblo a su propia ropa. Agregó bordados típicos de Oaxaca a los vestidos de gala —una visión que había tenido durante años.

Las latinas no son las únicas que compran huipiles. Caishpal dijo que las anglosajonas también se sienten atraídas por los colores vivos y el detallado bordado hecho a mano sobre los huipiles, mismos que Frida Kahlo a menudo usaba y representaba en pinturas.

Si bien es una figura respetada, la creciente popularidad de la ropa tiene poco que ver con Kahlo y más con honrar las raíces y los antepasados, dijo María Aviña Patiño, una consejera en la Escuela Primaria de Roseland con maestría en consejería, egresada de SSU. Ha hecho presentaciones sobre educación y salud mental en todo el condado de Sonoma y el Área de la Bahía.

“Frida solía vestirse de esta manera, pero provenía de los pueblos indígenas“, dijo.

En la escuela y en toda la ciudad, siempre es vista usando huipiles, adelitas y rebozos. A veces, dijo, la gente la detiene para preguntar por qué lleva un “vestido de Frida” y si hay algún festival mexicano cerca. Suele aprovechar esas oportunidades para educar a la gente sobre su cultura.

“Si no me visto así, no me siento yo misma”, dijo Aviña Patiño, nativa de Jalisco, México. “Tenemos que estar orgullosos del lugar donde venimos”.

Es un mensaje que entrega a sus estudiantes, particularmente a aquellos que son inmigrantes. Verla vestida con trajes tradicionales también ha motivado a algunos estudiantes a llevarlos a la escuela.

Mariana Martínez comenzó a usar huipiles cuando era estudiante en SSU. Ahora, como profesora de estudios chicanos y latinos e integrante del concejo administrativo de Santa Rosa Junior College, se han convertido en parte de su atuendo regular.

“Era una conciencia, reclamándome quién soy; el color de mi piel”, dijo Martínez, quien siempre está en la búsqueda de un hermoso huipil. Aunque están llegando a ser cada vez más disponibles en el Área de la Bahía, ella las compra a veces en línea o los amigos las adquieren cuando van a México. También los encuentra en las conferencias de latinas profesionales. Martínez atribuye su popularidad a la accesibilidad.

“No los uso para las fiestas del Cinco de Mayo. Los uso porque quiero portarlos“, dijo. “Es una hermosa obra hecha por personas como yo”.

The Press Democrat [English version]          

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