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Incendios de Kincade afectan economía de trabajadores en el condado de Sonoma

Ricardo Ibarra
Written by Ricardo Ibarra

Trabajadores de la uva, constructores, pintores, restauranteros, meseros, vendedores de autos, la gran fuerza laboral en el condado de Sonoma despertó este jueves listos para salir a trabajar, pero con una resaca económica que afecta sus bolsillos después de casi una semana sin laborar, debido a los apagones energéticos de PG&E  y las evacuaciones que evitarían la propagación de los incendios de Kincade.

En Healdsburg y en Windsor, los empleados de El Farolito y de El Gallo Negro, respectivamente, estaban presentes para iniciar sus labores, pero PG&E no había reconectado el gas a las 11:30 am para calentar las tortillas, hervir los frijoles o asar la carne. “Después de una semana de desesperación, sin trabajo, la gente llegó con ganas de trabajar, pero sin gas no hay nada que hacer”, dijo el dueño de ambos establecimientos, Pedro Díaz.

“Es muy triste porque había ayer mucha noticia de que volvería la luz,  pero del gas ya no dicen nada. Y desgraciadamente, los trabajadores van al día con lo que ganan en un mes, ahora con una semana sin trabajo, se hace más difícil salir adelante”, destacó.

Está claro que las medidas de seguridad adoptadas por PG&E fueron para el bienestar de la comunidad, y que no hubo muertes ni mayores desastres, dijo, pero criticó que las fuerzas locales no le hayan permitido recuperar la comida que tenía almacenada en refrigeradores.

“Estamos tirando ahorita como una tonelada de comida. Son como $10,000 por cada negocio”, dijo, pero si le hubieran permitido entrar por los alimentos durante las evacuaciones, pudo haberlo repartido entre sus trabajadores o familiares, o regalarlo en forma de platillos a la comunidad. “Nunca nos dejaron entrar”, subrayó.

No solo han sido restauranteros los afectados. Martina Álvarez es una indígena triqui de México, trabajadora de la uva en un viñedo de Freestone, al oeste del condado de Sonoma. Perdió una semana de ingresos. Algo que dice la desanima. “Está triste esto. No es solo que no pudimos regresar a la casa ni lo que voy a perder sin trabajar desde el viernes, pero todos los gastos que hace uno al salir: el gas, la comida, la ropa, artículos personales”, dijo.

Álvarez no alcanzó siquiera a tomar ropa ni comida al salir de su casa cuando regresó de trabajar de los campos de uva, durante una anunciada evacuación mandatoria el viernes por la noche, emitida por la Oficina del Alguacil del Condado de Sonoma. Con siete de familia, ella, su esposo, y cinco hijos, todos necesitaban comer y necesitaban cambios de ropa los seis días siguientes que estuvieron evacuados, de viernes a miércoles.

“Voy a perder la mitad de mi quincena, como $900. Para mí eso la verdad es mucho dinero. Hasta me dan ganas de llorar”, dijo por teléfono, desde el Edificio de Veteranos en Petaluma, donde estaba refugiada con su familia.

Un contratista, Margarito Pérez, se dedica a realizar obras de albañilería en su empresa MG Masonry asentada en Santa Rosa. Con él y sus tres trabajadores, calculó que perdería más de $5,000 por tan solo tres días sin entrarle a la talacha.

“Si perdemos un día en la semana, ya eso nos descontrola el presupuesto de una casa, y nos afecta porque nos retrasamos con los tiempos y al regresar por alguna razón suelen subir el material, y pues en estos proyectos gastamos más y no puedes cobrar más”, dijo Pérez, luego de estar sin quehaceres del lunes al miércoles, viendo si podría regresar este jueves a sus labores habituales en Calistoga.

“El golpe anímico es muy duro. Pero uno es adulto y tiene que hacerse el fuerte. No puede estar uno al cien”, comentó Pérez. Con lo que el restaurantero Díaz estuvo en sincronía: “A mucha gente le afectó psicológicamente, porque no esperaban esto. Anda la gente callada, como desorientada”.

Pérez recordó que habrá miles de trabajadores golpeados en los bolsillos y en su salud mental. “No soy yo solo. Conozco mucha gente que la está pasando mal. Mi cuñado que es pintor contratista. Mi hijo en su compañía de construcción. Lo bueno es que no hubo pérdidas de otro tipo, pero el susto y el golpe anímico ahí está”.

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