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Festival del Cinco de Mayo atrae a miles a Roseland

Julie Johnson
Written by Julie Johnson

Podría decirse que no hay mejores muestras de una cultura que su comida y su música.

Para algunos, la celebración anual del Cinco de Mayo tiene que ver con los churros, los chicharrones, las enchiladas michoacanas, los tacos de barbacoa y todo tipo de sabores que vale la pena esperar en las largas filas que se hicieron en el centro comercial de Roseland Village de Santa Rosa el domingo.

Para muchos otros en la multitud, fue el baile tradicional y las canciones en el festival familiar, que los transportó de regreso a su tierra natal o la de su familia.

Al ver a su hija de siete años bailar en un vestido de encaje blanco tradicional sobre el escenario con el clásico son ‘La Bruja’, Faviola González dijo que sentía que estaba cumpliendo con su deber de conectar a su hija, nacida en Estados Unidos, con la cultura de su familia mexicana.

“Cada vez que la veo bailar, mi corazón late tan rápido. Se siente como si fuera a salir”, dijo González, de 36 años, de Rohnert Park. “Quiero que ella se sienta orgullosa. Le digo a ella, ‘tú eres mexicana-estadounidense’”.

Ahora en su edición 14, el Festival del Cinco de Mayo de Roseland atrajo aproximadamente a 10,000 personas al masivo estacionamiento de Sebastopol Road, cerca del Dollar Tree, que ha sido el hogar del evento desde su inicio.

Con una estación de radio presentando a músicos locales en un escenario y actuaciones infantiles la mayor parte de la tarde en otro, el evento terminó por la noche con la banda estelar, Estrellas de la Bahía, de Richmond.

Los organizadores promocionaron el evento como el festival de Cinco de Mayo más grande del Norte de California. La fecha es celebrada en comunidades de todo Estados Unidos, más significativa incluso que en México, vinculada a la Batalla de Puebla, una victoria del ejército mexicano sobre el invasor francés en 1862.

Durante el festival, los niños de Santa Rosa se lanzaban puñados de harina, hasta que quedaban blancos en la calle Sebastopol Road, que estaba cerrada al tráfico durante el festival.

El próximo año, el evento podría mudarse afuera del estacionamiento y salir a la calle, debido a los planes de reurbanización pendientes para el futuro centro vecinal de Roseland Village, dijo Sylvia Lemus, coorganizadora del festival.

Este fue el segundo festival del Cinco de Mayo que se llevó a cabo allí desde que Santa Rosa anexó a Roseland en 2017, y adoptó oficialmente al vecindario, donde 3 de cada 5 residentes son identificados como latinos. Lemus y su coorganizadora, Caroline Bañuelos, dijeron que fueron informadas que un parque de comida al aire libre sería abierto en el sitio en los próximos meses, con más proyectos de desarrollo que comenzarán a finales de este año.

Los planes de la ciudad incluyen una plaza pública, un patio de alimentos estilo mercado, una biblioteca y un club local de Boys & Girls, ademas del nuevo complejo de apartamentos.

Bañuelos formaba parte del comité organizador original del Cinco de Mayo, encargado de desarrollar un festival oficial centrado en la familia, en 2005, para reemplazar las celebraciones informales, a veces alborotadas y peligrosas de la comunidad. Ella dijo que se ha convertido precisamente en lo que habían esperado.

“Me encanta ver a los padres empujando a sus niños en carriolas, a los abuelos, todos juntos”, dijo Lemus.

De casi 100 puestos, muchos pertenecían a organizaciones sin fines de lucro, del gobierno y agencias de aplicación de la ley.

El estudiante de cuarto grado, Christopher Gudiño, de nueve años, detuvo al capitán de la policía de Santa Rosa, Ray Navarro, cerca de un puesto, para entregarle una tarjeta de débito.

“Encontramos esto en el suelo”, dijo Gudiño, quien había estado buscando a un oficial para entregarle la tarjeta después de que la encontraran él, su hermana y su primo.

“Muchas gracias”, dijo Navarro, quien luego habló con los niños sobre sus escuelas y lo que habían hecho en el festival. “Ustedes la han pasado bien”.

En un puesto cercano, el agente de CHP, Custudio López, llevaba un sombrero de charro azul y dorado, que combinaba perfectamente con el dorado y azul de su uniforme.

El nativo de Santa Rosa ha llevado el llamativo sombrero al festival durante varios años, convirtiéndose en un imán para las personas que quieren fotos con él, incluida María Whiteman, de 40 años, de Sonoma, quien ha tenido a su hijo, Steven Whiteman, de cuatro años, tomarse una foto con el oficial durante algunos años.

“Es el único día del año en que puedo ponérmelo con mi uniforme”, dijo López.

The Press Democrat [English]

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