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El coronavirus explota a los latinos vulnerables y de bajos recursos del Condado de Sonoma

Martin Espinoza
Written by Martin Espinoza

Israel y su padre tomaron antibióticos para sus dolores de cabeza, tosiendo y con dolores de cuerpo como por una semana a principios de mayo, pero las medicinas proveyeron poco alivio. El padre de Israel comenzó a tener problemas para respirar.

Uno por uno, Israel, de 31 años de edad, su padre, Juan, de 68 y la mayoría de los otros 10 trabajadores de los viñedos que viven con ellos atestados en una casa de tres recámaras con un baño en Cloverdale, se enfermaron. Israel se preocupó profundamente sobre la condición deteriorada de su padre.

“Se ha enfermado antes, pero nunca ha estado así de enfermo donde tenía una tos que no se iba”, dijo Israel, hablando en español bajo la condición de que no se usara su nombre completo dado a que no está autorizado para trabajar en Estados Unidos. “Le dije que debería ir al doctor. No quería ir porque tenía miedo, pero lo convencí”.

En un centro médico local, padre e hijo resultaron positivos en pruebas para COVID-19, el mal altamente contagioso que ha causado estragos en la comunidad latina del Condado de Sonoma. Israel dijo que pronto su salud mejoró, pero la de su padre empeoró. Juan tuvo que ser ingresado y llevado a la unidad de cuidados intensivos del hospital, donde fue conectado a un ventilador para ayudarlo a respirar por 21 días. La mayor parte de ese tiempo la pasó bajo un coma inducido.

Finalmente, hace una semana Juan otra vez respiraba por sí mismo, y se recuperaba. Israel, quien pasa la mayoría del año trabajando en los viñedos de uva del Condado de Sonoma antes de ir a casa a Mexicali, México, para el invierno, fue reexaminado para coronavirus el 5 de junio. Esta vez recibió buenas noticias, un resultado negativo.

“Teníamos como a 12 personas,” que se infectaron, dijo, notando que todos se están recuperando. “Creo que es la razón que hay tantos de nosotros que agarran el virus porque muchos de nosotros vivimos en un lugar. Es la única manera que podemos costear el alquiler”.

Israel, Juan y los compañeros del hogar están entre los Latinos que soportan el efecto desproporcionado del brote del COVID-19 en el Condado de Sonoma. Una pasmosa cifra de 3 de cada cuatro infecciones a nivel condal está entre la población latina, pese a que compone un 27 por ciento entre las aproximadamente 500,000 personas que viven aquí.

¿Por qué la disparidad étnica en el Condado de Sonoma cuando se trata de este patógeno que se ha esparcido alrededor del mundo y ha matado mucha gente? Hogares atestados, donde viven múltiples familias y múltiples generaciones en un hogar, ha llevado a grupos significativos de casos de coronavirus de acuerdo a funcionarios públicos de salud del Condado. Pero eso es solo parte de la dinámica que ha llevado a las ahora familiares diferencias étnicas y raciales donde COVID-19 está pegando más duro en el sector.

Los vulnerables son explotados

Por meses, como cualquier otra enfermedad contagiosa o desastre natural, el nuevo coronavirus ha estado explotando las desigualdades raciales y socioeconómicas del Condado que ha dado al contagio una tierra fértil para esparcirse entre la comunidad vulnerable latina. A principios de este mes, Barbie Robinson, directora del Departamento de Servicios de la Salud, usó la frase aguda “pandemia racial” para describir las condiciones existentes que han llevado a 535 casos confirmados de coronavirus entre los Latinos a partir del sábado por la tarde; o un 77 por ciento de 699 infecciones confirmadas de entre los que se conoce la raza o etnia de las personas. Hasta la fecha, hay más de 830 casos en total de COVID-19 en el condado.

Además de hogares apretujados, el virus se propaga como un incendio de maleza entre aquellos que no tienen más remedio que trabajar durante la pandemia, los dizque trabajadores esenciales como Israel quienes tienen que escoger entre enfermarse, pasar hambres o pagar el alquiler. El virus se desarrolla bien entre aquellos sin seguro médico, sin cuidados de niños, sin pagos de sus empleadores dado a enfermedades, que tienen barreras de lenguaje; combinados por tradiciones culturales como tener a más de una generación viviendo bajo un techo.

“Esto no es un caso de un tipo de comportamiento”, dijo el miércoles la doctora Sundari Mase, Oficial de Salud del Condado, explicando por qué los latinos han sido tan afectados por el Coronavirus “Los datos apuntan a las inequidades a lo largo del condado que experimentan comunidades de color, tales como tener ingresos más bajos, falta de accesos a cuidados de salud, condiciones atestadas de hogares inadecuados, incluyendo familias múltiples en un hogar dado al alto costo de la vivienda”.

Hace más de un mes, dijo Mase, cuando funcionarios de salud del Condado se dieron cuenta por vez primea que los latinos cargaban con una parte desproporcionada de casos de COVID-19, trabajadores de la salud comenzaron a enfocarse en su comunidad con eventos únicos de pruebas y esfuerzos extensos de trazar los contactos cercanos de los infectados. El alza en casos emergentes entre los latinos se debe a estos esfuerzos, dijo.

Funcionarios locales de la salud crearon un grupo latino de trabajo de trabajadores de la salud, organizadores comunitarios y líderes para ayudarlos a aconsejarlos sobre cómo hablar sobre las disparidades. La falta de una verdadera vivienda asequible más la pobreza están entre los temas persistentes de la pandemia de coronavirus, dijo Ana Lugo, una consultante local de diversidad y equidad, quien es parte del grupo latino trabajador del condado.

“Las personas que son más afectadas por la falta de acción sobre la vivienda continúan siendo la gente de color”, dijo Lugo.

En la pandemia, el virus se ha apoderado de la cultura de los latinos de compartir, demostrado por el dicho común en español de “donde come uno, comen dos”, “solo le agregamos más agua a la sopa”, dijo Lugo. “Hacemos que funcione. Estas son culturas colectivistas. Tienes gente que admitirá a un miembro de la familia o amigo antes de dejarlos que vivan en la calle”.

Infectando a 40 de una familia extensa

Edwin Ruano, un trabajador de construcción de 31 años de edad que vive en Petaluma, resultó positivo de COVID-19 a mediados de mayo. Ruano vive en un departamento de dos recámaras con su esposa que está embarazada, su hija, el tío de su mujer y otros miembros de la familia; siete en total. Todos han resultado positivos del virus, pero solo Ruano y otro miembro de la familia sufrieron severos síntomas, aunque no requirieron de ser hospitalizados.

“Tuve dolores de cuerpo, fiebre, perdí el sabor por la comida”, dijo él. “La fiebre, dolores de cabeza y dolores del cuerpo fueron los peores síntomas. Pensé que me iba a morir”.

Ruano dijo que tiene una familia extensa en Richmond, donde varios de sus familiares se contagiaron. En total, dijo, cerca de 40 de sus familiares entre dos ubicaciones han contraído el virus.

Originalmente de Guatemala, Ruano se ha hecho pruebas el 20 de mayo y los resultados fueron negativos. Entre la extensa familia, han intentado han descubrir si el virus originó en el Condado de Sonoma o el Condado de Contra Costa, un detalle que él dice ahora le importa menos.

“Les digo que no importa si vino de aquí o de allá. Lo importante es que estamos todos bien y que nadie murió, gracias a Dios”, dijo.

Ruano no ha regresado a trabajar desde que contrajo el virus el mes pasado. Su familia recibe una caja semanal de comida a través de un programa nutritivo de coronavirus de Food for Thought, una agencia no lucrativa de Forestville que provee comida y otros artículos nutritivos a la gente que vive con enfermedades serias como COVID-19 y VIH.

Ron Karp, director ejecutivo de la agencia no lucrativa, dijo que la organización rápidamente lanzó el nuevo programa de comida para servir a la gente que ha sido expuesta al patógeno y que está en cuarentena o aislamiento, y a sus familias. Karp dijo que el programa agregó a otras 100 personas a la lista de antes de la pandemia de 850 clientes.

Funcionarios públicos de la salud han referido a 27 personas y sus familiares para un total de unos 100 residentes a la agencia no lucrativa, dijo Karp. Eso es un promedio de cuatro a cinco personas por familia que necesitan comida, dijo, y el 95 por ciento de las personas que han sido referidas hasta ahora han sido latinas, dijo. El nuevo programa es subvencionado mediante donaciones privadas y $30,000 en dinero de emergencia del Condado. “Estamos perdiendo ese dinero”, dijo Karp.

Ayudando a los que están solos y enfermos

Las disparidades étnicas del brote de COVID-19 en el área y la necesidad de hacer un puente entre las divisiones culturales y socioeconómicas fue la razón principal que Panna Lossy, una doctora de familia de Santa Rosa, creó IsoCare. Es una organización de voluntarios que ayuda a la gente que tiene el contagio, o que esperan resultados de pruebas de coronavirus y que se les ha pedido que se aíslen en sus casas.

Lossy dijo que un número significativo de residentes de bajos recursos, muchos de ellos latinos, tienen dificultades en acatar las reglas estrictas de quedarse en casa -que estuvieron en efecto desde el 18 de marzo a fines de mayo para suprimir la transmisión de virus en el condado- porque no tienen el lujo de aislarse o de permanecer en cuarentena solos en un cuarto o tener uso exclusivo de un baño.

IsoCare solo recibe transferencias de centros comunitarios de salud locales, dijo ella, “así que no recibimos mucha gente [que vive en casas] con cinco recámaras. No recibimos a mucha gente realmente privilegiada que nos transfieren. De las 900 personas que han sido transferidas a IsoCare, como 390 son residentes que hablan español, de acuerdo a los resultados de un cuestionario de la organización.

Pese a un esfuerzo del estado de proveer $125 millones en ayuda de emergencia para la salud pública para trabajadores indocumentados que han sido diezmados financieramente por la pandemia, defensores locales de inmigración y de trabajo dicen que la necesidad sigue sin precedentes.

Renee Saucedo, director del programa ALMAS, el cual organiza a trabajadoras domésticas para el centro Graton Day Labor Center, dijo que algunas de las mujeres en su grupo han sido forzadas a buscar trabajo en la agricultura. La industria de la agricultura ha experimentado un número de infecciones en sus trabajadores. Datos de salud pública del Condado muestran que más del 20 por ciento de casos confirmados de COVID-19 son latinos que trabajan en la agricultura, lo que incluye trabajar en los campos, colectando y procesando comidas.

Sin tener opciones, pero con trabajo de alto riesgo

Anabel García, una limpiadora de casas que vive en Santa Rosa, no ha contraído el virus, pero teme que si alguien de su casa lo contrae que todos los demás también lo harán. García, su esposo, dos adolescentes, su hermano de 32 años de edad y su suegro de 60 años de edad viven en un departamento de tres recámaras en Bicentennial Way en Santa Rosa.

Sin haber más trabajo limpiando casas, García regresó al trabajo en los viñedos hace tres semanas. Dice que aguanta nueve horas al día bajo el caliente sol. García hace el trabajo porque es indocumentada y sin papeles de inmigración no puede recibir desempleo así que debe ayudar a pagar con las facturas de la familia y para poder comprar comida.

“Tienes miedo de contraer el virus, de que tu familia contraiga el virus”, dijo ella. “Pero también tienes miedo de perder tu transporte, de no tener lo suficiente para darle de comer a tus hijos”.

Mientras tanto, Israel, el trabajador de los viñedos que vive en Cloverdale y que se recuperó de un caso ligero de COVID-19, dijo que lo más difícil para él, aparte de ver la lucha casi mortal de su padre con la enfermedad contagiosa, ha sido el continuo aislamiento de la pandemia.

“La familia que tenemos no puede venir a visitarnos dado a que las fronteras están cerradas”, dijo. “Pero aunque pudieran, tengo miedo de infectarlos. No sabía qué hacer. No sabía qué ayuda podría recibir”.

Puede ponerse en contacto con el redactor Martin Espinoza en el 707-521-5213 o en martin.espinoza@pressdemocrat.com. En Twitter en @pressreno.

Nota del editor: Una versión anterior de esta nota caracterizó mal el punto de vista de la consultante de diversidad y equidad, Ana Lugo, sobre cómo la cultura latina ha sido tomada ventaja por el coronavirus.

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