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De México a Sonoma: Dos historias de éxito 

Carole Kelleher
Written by Carole Kelleher

Puede ver esta nota en inglés aquí.

 

Leonardo Macedonio y Salvador Tapia son empresarios exitosos que vinieron aquí desde México hace más de 30 años para cimentar una vida mejor. Jamás se han conocido, pero tienen mucho en común entre ellos y con otros como ellos que vinieron aquí para buscar el sueño americano.

Ambos son ciudadanos de los Estados Unidos, un estado legal que fue obtenido a través de la Ley de Reforma de Inmigración del presidente Ronald Reagan de 1986. Primero se les entregaron tarjetas verdes, hecho que les autorizó quedarse y trabajar en este país, y luego aprobaron el examen de ciudadanía. Ambos se casaron en México y luego pudieron mudar a sus esposas, Susanna Macedonio y María Tapia, a Sonoma para criar a sus familias.

Desde hace mucho tiempo, los Macedonios y los Tapia son propietarios. Los Macedonios son dueños de Leo’s Construction, donde los dos laboran de tiempo completo. Tapia trabaja para una importante empresa contratista de paisajismo, donde a menudo trabaja 10 horas al día. Los fines de semana trabaja en su negocio paralelo como paisajista residencial. María trabaja de tiempo completo en el Lodge at Sonoma.

Macedonio, de 54 años de edad, y Tapia, de 58 años, recientemente acordaron hablar sobre sus vías hacia el éxito y reflexionar sobre sus experiencias. Susanna Macedonio y su hija Stephanie se unieron a Macedonio en la conversación.

Macedonio y Tapia tenían la misma ruta propia hacia Sonoma: vinieron a recoger uvas. El primer viaje de Tapia aquí desde su natal Michoacán en agosto de 1983 está impreso en su memoria. Él y su hermana fueron criados por su madre soltera; su padre fue murió al ser alcanzado por un rayo cuando Tapia era un niño.

Su madre se oponía a que viniera a Estados Unidos, dado a que él ya tenía un buen trabajo como fabricante de telas, pese a que había dejado la escuela en el décimo año escolar para empezar a trabajar.

“Todos mis amigos ya se habían ido. Yo fui el ultimo. Estaba celoso y quería saber sobre Estados Unidos”. Durante 40 horas viajó en autobús para llegar a Tijuana, donde le pagó a un coyote 250 dólares para que lo cruzaran de contrabando junto con un grupo de personas al otro lado de la frontera.

“Caminamos toda la noche y luego durante el día nos ocultamos en los arbustos. Podíamos escuchar a los controladores internos en sus walkie-talkies. La segunda noche caminaron a Temecula, donde esperaron hasta que oyeron un silbido y les dijeron que “corrieran muy rápido y suban a la camioneta”. Dijo que había 32 personas en la parte trasera de la camioneta, todas apretadas una encima de la otra en el viaje a Los Ángeles.

“No podía sentir mis piernas. Había un tipo sentado encima de ellas”.

Después tomó otro viaje en autobús a Sonoma donde, pocas horas después de llegar, se encontraba en un viñedo, recogiendo.

“Fue buen dinero. Podrías ganar $3,000 en seis o siete semanas”, dijo.

Vivía en un barracón en una bodega y luego tras la cosecha tomó un autobús de vuelta a Santa Ana. Allí vivía en una casa con dos primos y dos amigos, trabajando como lavaplatos en Bob’s Big Boy antes de volver a Sonoma para la siguiente cosecha.

Permaneció aquí, haciendo en 1985 un viaje de retorno a México para casarse con María. Continuaron más viajes a México, mientras laboraba aquí primero para Sebastiani y luego para las bodegas Kenwood. Los tres hijos de la pareja nacieron en México: Rafael en 1986, Celia en 1988 y Salvador en 1991. Por años, Tapia viajó de un lado a otro, nueve meses aquí y tres meses en México, antes de finalmente mudar a su familia a Sonoma en el año 2000.

Todos sus hijos se graduaron de Sonoma Valley High School. Fue el enorme reto para Rafael, quien tenía 14 años de edad cuando llegó a la escuela sin poder hablar una palabra de inglés.

“Eso fue muy difícil para él”, dijo Tapia, y agregó que aprender el idioma fue más fácil para los niños más pequeños.

“Todos lo han hecho tan bien. Todos tienen muy buenos trabajos y ahora tengo cinco nietos”, dijo.

Lo que Macedonio evocó sobre sus primeros días aquí después de dejar San Andrés, Timilpan, su ciudad natal en el Estado de México, fue lo pesado que era estar en un lugar tan diferente de sus primeros años de vida.

“No tenía idea de cómo era la vida aquí”, dijo, pero supo de inmediato que lo más importante era aprender a hablar inglés. Dijo que estuvo aquí un año antes de que pudiera entender algo.

También vino a trabajar en la cosecha, luego laboró en un equipo de limpieza de construcción antes de regresar a trabajar en los viñedos durante la temporada de poda. Luego fue contratado en el departamento de carnicería en Fiesta Market en Springs y en poco tiempo empezó a trabajar para empresas de construcción. Tenía experiencia en concreto y piedra y aprendió a construir muros de roca en México, lo que lo ayudó a conseguir trabajos de construcción en los primeros años aquí con varias empresas diferentes.

Volvió a México para casarse con Susanna, y le tomó “tres intentos” antes de poder llevarla a Sonoma tres años después. Ahora se sonríen el uno al otro con complicidad, sin sentir la necesidad de compartir los detalles. Ahora Susanna es ciudadana.

“Todo era nuevo para mí y en ese entonces no había mucha gente hispanoparlante aquí”, dijo Susanna. “Fue difícil. No conocía a nadie y no sabía conducir”, aunque rápidamente aprendió. Durante un tiempo limpió casas, antes de convertirse en madre de tiempo completo. Criaron a cuatro hijos en Sonoma, quienes asistieron a la escuela primaria Prestwood, a la escuela secundaria Adele Harrison y se graduaron de la preparatoria Sonoma Valley. Los cuatro son ahora graduados universitarios.

La mayor, Stephanie, de 28 años de edad, es enfermera titulada en el Memorial Hospital en Santa Rosa y, por su cuenta, acaba de comprar una casa en Springs.

“Tengo la ética de trabajo de mi papá y el encanto de mi mamá”. Ella dijo que los cuatro hermanos son muy unidos y que por lo general vuelven a la casa de sus padres para cenar el domingo por la noche.

Por un tiempo Macedonio dejó la construcción y durante seis años trabajó en una imprenta de etiquetas de vino, haciendo trabajos de construcción y jardinería los fines de semana. Dejó el taller de impresión para laborar para una empresa de construcción en Marin durante dos años, y durante todo ese tiempo recibió más y más trabajos de construcción en Sonoma.

“La gente me preguntaba: ‘¿Puedes instalar una luz?’ Y ‘¿Pintarás una habitación?’ Pintura, electricidad, plomería, cualquier cosa que me pidieran que hiciera, nunca dije que no”.

Por 20 años, Tapia trabajó para bodegas “y luego me empecé a cansar un poco y comencé a buscar otra cosa”. En 2005, aceptó un trabajo de tiempo completo en la empresa de contratistas generales de jardinería Hanford ARC. “Trabajo allí cinco días a la semana, para las bodegas trabajé seis”. Eso le da más tiempo para realizar trabajos de jardinería adicionales los fines de semana. “Me gusta estar ocupado todo el tiempo”, dijo. “Nunca me tomo un día libre”.

Bueno, con la excepción de visitar a su madre y a la familia de su hermana, quienes ahora viven en Washington. Su hermana fue a recoger manzanas y tiene una historia similar a la de su hermano. Su madre estaba sola en México y pudieron trasladarla a Washington con una tarjeta verde en 2002 y, el año pasado, cuando tenía 87 años, pasó la prueba para convertirse en ciudadana.

“Siempre he ahorrado dinero, siempre”, dijo Tapia, y explicó que ahora, aparte de su casa en Sonoma, son los dueños de dos granjas de aguacate en México. Una finca tiene una pequeña casa y todos los años él y María pasan febrero allí. Es un lugar especial para ellos.

“Algún día, cuando tengamos 60 años, esperamos poder pasar seis meses allí y seis meses aquí”, dijo.

Los trabajos de construcción secundarios de Macedonio finalmente fueron lo suficientemente abundantes como para comenzar su propia empresa, Leo’s Construction, empresa que se especializa en remodelaciones de viviendas.

“Remodelamos baños todos los días”, dijo. Dirige a 14 empleados y Susanna hace todo el trabajo de oficina, incluyendo la facturación.

Ahora procuran trabajar sólo cinco días a la semana, aunque a menudo se reúne con los clientes los sábados. “Ahora mi esposa y yo trabajamos juntos y tratamos de no trabajar los domingos”.

Macedonia es un aficionado al fitness, va a un gimnasio y enseñaba fútbol y cross country cuando sus hijos estaban en la escuela. Ahora, los domingos, Susanna y él suelen ir de excursión antes de regresar a casa para cenar en familia.

“Estoy tan feliz”, dijo Susanna.

“Creo en el trabajo duro y la constancia. Y tienes que creer en ti mismo”, dijo. “Y mis hijos siempre me inspiraron a dar lo mejor de mí”, dijo. Ahora que los niños han crecido y todos tienen buenos trabajos, las cosas son más fáciles. “Pagar la universidad fue lo más difícil”, dijo.

“Estoy agradecido con todas las familias que me contrataron y me ayudaron a establecer esta vida para mi familia”.

Los Macedonios han regresado con frecuencia a México para visitar a su familia, pero ahora Leonardo y su esposa también están pensando en explorar otros países.

“Quiero viajar, tantos países como podamos”, dijo, y mencionó a Europa, Asia, América del Sur e Islandia. “Ese es mi sueño ahora”.

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