Comunidad

Consejos para mantenerse a salvo de olas furtivas a lo largo de la costa de Sonoma

Avatar
Written by Michael Shapiro

Puede ocurrir muy rápido. En un momento está usted viendo las olas, almorzando en una playa — al siguiente está en el agua, siendo golpeado por el mar.

Poco después del medio día del 30 de diciembre de 2019, mi esposa y yo estábamos almorzando sobre las rocas muy por encima de la playa Hanakapi’ai en la costa norte de Kauai. Acabábamos de caminar dos millas en el Sendero Kalalau, a lo largo de la costa caminos Napali, y nos preparábamos para una caminata hacia una cascada.

Fue entonces cuando vi la ola. No sólo era grande; se veía musculosa y poderosa. Dejé nuestra bolsa de papas fritas y recogí mi mochila, pensando que la ola podría mojarnos los pies.

Pero la ola seguía llegando. Al acercarse, rugió, con un sonido que aún me persigue. Le grité a mi esposa, “Prepárate para correr”.

Una fracción de segundo después, la ola nos golpeó como un puñetazo de Mike Tyson. En un instante fuimos derribados y luego, nos encontramos completamente bajo el agua, lanzados sobre rocas volcánicas afiladas que nos cortaron las piernas.

Se sintió como si nos hubieran disparado desde un cañón. Aterrizamos a 20 ó 30 pies del lugar de nuestro almuerzo, y durante un momento aterrador no pude encontrar a mi esposa.

Sin embargo, después de todo tuvimos suerte. Estábamos maltratados y ensangrentados, nuestras rodillas y pies hinchados por los golpes. No obstante, no fuimos jalados hacia el mar, donde las olas de 10 ó 15 pies chocaban contra los acantilados de Napali.

Más de 30 de nosotros, entre turistas y lugareños, fuimos golpeados por esa ola. Una mujer joven se fracturó el tobillo y tuvo que ser evacuada en helicóptero.

Éste es el punto: pensamos que estábamos siendo cuidadosos. No habíamos pasado ningún aviso que nos pidiera no continuar, y nunca le dimos la espalda al océano. Habíamos oído que un hombre de 27 años se había ahogado en las aguas de Hanakapi’ai sólo una semana antes, por lo que fuimos especialmente cuidadosos, o eso pensamos.

Videos recientes dan testimonio del poder del tempestuoso océano. A fines de diciembre cerca de Santa Cruz, un hombre fue arrastrado de una saliente rocosa por una ola gigantesca y fue arrojado al mar. De alguna manera nadó a un lugar seguro.

Otro video reciente muestra una ola furtiva (sneaker wave) que rugió sobre la costa cerca de Eureka y dentro de un estacionamiento, derribando a tres personas. Al parecer todas se recuperaron.

Trágicamente en el norte de Oregón, mientras caminaban a lo largo de la costa del Pacífico el 12 de enero, un papá de Portland y sus dos niños fueron arrojados hacia el océano cuando una ola gigantesca los alcanzó. El padre sobrevivió, pero su hija de 7 años y su hijo de 4 años murieron.

He leído muchas historias como éstas a lo largo de los años y creía que, a menos que ocurriera un tsunami, no podía pasarme a mí. Estaba equivocado.

Como guía de canotaje en aguas bravas, le tengo un gran respeto al poder del agua en movimiento, pero nunca había sentido algo como la fuerza ilimitada del océano en este día en Kauai. Fue una lección.

En su libro de 2010 “La Ola”, Susan Casey cita investigaciones que establecen que “las alturas de las olas aumentaron más del 25 por ciento entre los 1960s y los 1990s”, todo debido al cambio climático, el cual se ha acelerado en el siglo 21.

Así que las olas furtivas (sneaker waves), definidas por el Servicio Meteorológico Nacional como “olas más grandes que el promedio, que pueden surgir repentinamente y sin previo aviso alcanzar docenas de pies por arriba de lo esperado en la playa”, es probable que se vuelvan más contundentes y más frecuentes.

“Los riesgos están cambiando”, dice el suboficial de la Guardia Costera Shane Abold. Los amantes de la playa pueden ser tomados por sorpresa cuando los mares tranquilos dan paso a olas más grandes.

“Realmente no importa si hay tormenta o no”, comenta. “Puede ser un día despejado. Estar tranquilo por mucho tiempo. Luego, esas olas surgen y crecen por arriba de la playa”.

Abold, con base en la estación de la Guardia Costera de Bodega Bay, dice que es importante estar informado y ser cauteloso, especialmente en invierno, cuando los mares son impredecibles y las corrientes pueden ser más poderosas.

Aconseja revisar los pronósticos del tiempo y señala que la mayoría de los sitios meteorológicos publican declaraciones de peligro en la playa. (Para más consejos, consulte la tabla adjunta sobre seguridad en el óceano).

Evite la complacencia, recomienda Abold, y no suba a rocas o acantilados, aún si piensa que una foto ahí será muy popular en Instagram.

“Cada vez que hay un oleaje grande, la gente baja a verlo porque es impresionante”, dice Abold.

“Pero si hay rocas o acantilados golpeados por el agua, usted arriesga su vida al subir a ellos. No sé si lo haga por diversión o por gusto; usted se pone en una situación peligrosa”.

Brit Horn, un salvavidas oficial de paz retirado de los Parque Estatales de California que ha rescatado a muchas personas a lo largo de la costa de Sonoma, dice que es mejor evitar playas escarpadas donde las olas golpean la costa.

“Esto crea una contracorriente fuerte, y es eso lo que arrastra a la gente”, dice Horn, son playas como Jenner’s Goat Rock, la escena de numerosas muertes en años recientes.

No permita que sus hijos jueguen cerca de las olas, recomienda, porque las olas de resaca pueden jalar a los niños con mayor facilidad que a los adultos, incluso en días que no parecen amenazantes.

Esto lleva a la siguiente advertencia de Horn: las condiciones pueden cambiar rápida y drásticamente. “El océano puede verse plácido y en calma, como un espejo, y de repente puede llegar un gran conjunto de olas bombardeando”.

Horn recuerda una tragedia de 2011, cuando una mujer corrió hacia el océano en la Playa Portuguesa de Bodega Bay, tratando de salvar a su perro. Tanto el perro como la mujer fallecieron.

Aunque el instinto nos obliga a tratar de ayudar, “no haga más grande el problema” lanzándose al agua, recomienda Horn. “Es mejor tratar de conseguir personal entrenado o surfistas que ayuden (si hay alguno cerca). Los surfistas han hecho muchos rescates”.

Definitivamente, no hay respuestas sencillas para los amantes de la playa. Especialmente durante los fríos y duros meses de invierno, nunca se puede ser demasiado cuidadoso.

“Si hay un oleaje muy grande, haga que sus hijos usen chalecos salvavidas” en la playa, dice Abold de la Guardia Costera.

“Es difícil encontrar a alguien que no trae chaleco salvavidas. Para nosotros es mucho más fácil encontrar a alguien flotando, que a alguien que está bajo el agua. Esa es la conclusión”.

Michael Shapiro es autor de “The Creative Spark”, una colección de entrevistas con músicos, escritores y otros artistas. Cubre viajes, entretenimiento y actividades al aire libre para revistas nacionales y para The Press Democrat.

Consejos de Seguridad de la Guardia Costera

    Nunca dé la espalda al océano. “Puede reaccionar más rápido si ve lo que se aproxima”, dice Shane Abold, suboficial de la Guardia Costera.

    Conozca el pronóstico del tiempo. “Sólo tenga en cuenta los peligros”, afirma Abold. “Si hay una declaración de peligro en la playa, muestre mayor nivel de alerta”.

    No sea complaciente. La complacencia ocurre con demasiada frecuencia. Las personas creen estar en un lugar seguro cuando no lo están. A menudo un período de mar en calma es seguido por olas grandes.

    Cuide a sus hijos. “El día que vea un oleaje más alto, no es el día para llevar a sus hijos a jugar en las frías aguas del Océano Pacífico”, dice Abold. La hipotermia se puede presentar después de sólo unos minutos dentro del océano gélido, especialmente en los niños. Ponerle chalecos salvavidas a los niños literalmente puede salvarles la vida.

    Tenga una vía de escape. “Cuidado con la áreas donde no hay una ruta de escape”, dice Abold, como son las playas rodeadas por una herradura de acantilados.

    No suba a rocas o acantilados resbalosos o que sean golpeados por el agua. Ésas con áreas peligrosas y los rescates son difíciles. “En cuanto a los botes, es difícil para nosotros llegar con nuestro equipo ahí, y también es mucho más peligroso para el rescatista”, asegura Abold.

    Las rocas secas pueden no ser seguras. Incluso si una saliente parece seca, una ola más grande podría venir y arrastrar a una persona lejos de la roca. “Vea cualquier video de personas siendo arrastradas”, dice Abold, “casi lo puede ver venir”.

Click here for reuse options!
Copyright 2020 La Prensa Sonoma