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Conozca a tres artistas latinas del Condado de Sonoma que reciben inspiración de su herencia latina

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Written by Ricardo Ibarra

Para estas tres artistas latinas, la creación, ya sea haciendo murales, pintando acuarelas o entintando tatuajes, es una forma de conectarse y reconocer su herencia al mismo tiempo que transmite las imágenes y la historia de su cultura.

La tatuadora Lucero Vargas profundiza en sus raíces ancestrales, en la historia precolombina de México, para crear sus intrincados diseños de pájaros, cráneos, flores y espirales. Como latina que creció en los Estados Unidos, la muralista MJ Lindo-Lawyer se basa tanto en los exuberantes colores de la costa nicaragüense como en las ideas que encuentra en su entorno aquí. Las pinturas surrealistas de Rosa Díaz-Serrano recuerdan las de la famosa artista mexicana Frida Kahlo, pero son sus propios recuerdos de su país natal los que inspiran su trabajo.

Rosa Díaz-Serrano

Desde hace más de 60 años, Rosa Díaz-Serrano ha ido recopilando paisajes para almacenar en su memoria. Las escenas de México a California son visiones que luego fija en lienzos de acuarela. Sus pinturas van desde flores, figuras y naturalezas muertas realistas hasta surrealismo onírico. Hay una constante en su trabajo: el legado visual de la tierra mexicana donde creció.

En una ocasión, se subió al automóvil con su esposo Roberto y emprendió un viaje por carretera desde el condado de Sonoma hasta Baja California. Era invierno y el árido desierto mexicano se había vuelto verde con las lluvias recientes.

Mirar la vegetación era su única distracción sentada en el asiento del pasajero. Con la puesta de sol en el horizonte, esos cactus erguidos comenzaron a desplegarse en su imaginación. Los vio como dedos largos y delgados que emergían del fondo de la tierra como una repentina invasión de criaturas del inframundo que luchaban por salir a la superficie.

Tan pronto como pudo poner sus manos en pinceles y acuarelas, plasmó esa visión en el lienzo. El resultado fue una mano huesuda conectada a la tierra a través de sus raíces, con un sol rojo gigante y radiante de fondo.

“El color es lo que más me gusta de México. Somos muy coloridos. Me visto de colores oscuros, pero me gusta que mi trabajo tenga claridad y la pureza de colores que puede traer la acuarela”, dijo Díaz-Serrano, quien llegó al Condado de Sonoma en 1977 con su esposo y sus dos hijas.

Desde sus días de estudiante de arte en la Ciudad de México, la acuarela ha sido una de sus técnicas favoritas. Los domingos visitaba el zoológico con su maestro Alberto Beltrán para dibujar figuras humanas y animales. Posteriormente ejerció durante otros dos años con uno de los acuarelistas mexicanos más reconocidos, Gustavo Alanís Pastrana.

“Para pintar acuarelas se necesita planificación, porque se pinta al revés que otras técnicas, comenzando con los colores más claros, hasta oscurecer los tonos más oscuros”, dijo. “Pinto sin blanco y sin negro porque me gusta crear imágenes como transparencias”.

Desde que llegó al condado de Sonoma, Díaz-Serrano se ha involucrado en organizaciones artísticas como Santa Rosa Art Guild. A través de su negocio de Santa Rosa, Restoration Studio, restaura porcelana fina y cerámica. Y da talleres de acuarela a la comunidad de adultos mayores en Windsor, aunque con la pandemia, la interacción con los estudiantes en los últimos meses ha sido casi nula, dijo.

Este es un momento para reinventarnos, dijo Díaz-Serrano.

“Los artistas deben evolucionar y buscar nuevas formas de representar lo que ven o sienten”, dijo. “No se trata de hacer algo perfecto, sino que los artistas tienen que encontrar diferentes formas de interpretar lo que ven, sienten y saben”.

Puede ver el trabajo de Díaz-Serrano en línea en la exposición virtual del Steele Lane Community Center o en su sitio web: diaz-serrano.com/home.html

MJ Lindo-Lawyer

Antes de la pandemia, los sueños de éxito artístico de MJ Lindo-Lawyer parecían en gran parte inalcanzables. Hoy, sin embargo, tiene un programa completo de exposiciones hasta noviembre, desde las calles del centro de Santa Rosa hasta una galería de Nueva York.

Lindo-Lawyer, cuyo nombre completo es María José Lindo-Lawyer, había planeado durante mucho tiempo una transición de su trabajo de servicio al cliente en una empresa tostadora de café en Santa Rosa a la pintura a tiempo completo. Pero el cambio ocurrió inesperadamente cuando sus empleadores la enviaron a casa “hasta nuevo aviso” a principios de julio debido al impacto de COVID-19 en las empresas locales.

“En los últimos años había intentado hacer una transición sin problemas a las artes, por lo que COVID podría haber sido un rayo de luz”, dijo Lindo-Lawyer, quien nació en Miami hace 32 años.

Actualmente, tiene cinco murales en las paredes de Santa Rosa, Roseville, Sacramento y Lancaster, Pennsylvania. Eso es además de cinco piezas para Stone Sparrow, una galería de arte en la ciudad de Nueva York. Y a partir de marzo, Cooperage Brewing local ha estado imprimiendo una de sus pinturas de tonos brillantes en una etiqueta de lata de cerveza llamada “Momento de la verdad” Westcoast IPA.

Aunque lejos de los paisajes tropicales de Nicaragua de donde vinieron sus padres y donde vivió durante dos años, los murales de Lindo-Lawyer exudan el mismo carácter exuberante e intensamente colorido. Pero al mismo tiempo, se nutre de las influencias creativas que la rodean en Estados Unidos.

Habiendo vivido en Miami, Toronto e incluso Oklahoma además de Centroamérica, la residente de Roseland basa sus creaciones en lo que ve y consume en su entorno diario. También está inspirada en el anime y el movimiento artístico lowbrow.

“No creo que cambie de rumbo para ser súper representativa de ser nicaragüense. Tener éxito debería inspirar a la gente. También estoy occidentalizada”, dijo. “El entorno en el que crecí y viví probablemente está más en mis pinturas”.

Se siente atraída por los rostros de las mujeres multiétnicas en sus propios espacios de poder y las pinta con un estilo que integra realismo y formas abstractas.

“Me gusta una variedad de modelos de todos los colores. Como herencia, no me concentro demasiado en incorporar mi cultura. Puede ser inconscientemente, pero no entró en una pieza pensando que tengo que incorporar a Nicaragua”, dijo.

“En estos días se espera que hagamos arte político, pero esa no soy yo”, agregó.

El cierre de Fourth Street en el centro de Santa Rosa a los vehículos que arrancó en julio ha permitido a los peatones disfrutar de la zona a un ritmo más pausado. También ha creado una oportunidad para el arte callejero.

Lindo-Lawyer dijo que pronto estará pintando un mural temporal cerca de Old Courthouse Square. Puedes verla allí o encontrar su trabajo en su cuenta de Instagram @mjlindo.

Lucero Vargas

Lucero Vargas dijo que se dio cuenta de que se había “americanizado” después de cruzar la frontera en 2003 y establecerse en Los Ángeles. El cambio cultural que experimentó la impulsó a profundizar en su herencia y aprender sobre las prácticas de sus antepasados, algo que nunca había considerado cuando vivía en su ciudad natal al norte de la Ciudad de México.

Vargas aprendió el antiguo idioma náhuatl de los mexicas, se aventuró en los círculos de danza azteca y conoció el códice de las civilizaciones precolombinas. Necesitaba aferrarse a sus raíces para no perderse en el paisaje urbano de Los Ángeles.

Las líneas y sombras tatuadas en su cuerpo muestran la aventura de esta inmersión cultural. Un búho pasa por un proceso de transformación a lo largo de su cuello hasta que alcanza la forma de un corazón estilizado con granos de maíz en el pecho. A su derecha está el perfil del príncipe de las flores, Xochipilli. Y desde que saltó a la industria del tatuaje hace ocho años, su especialidad ha sido la apariencia de la iconografía que se ve en los antiguos murales, esculturas, códice y arquitectura mexica.

“Me gusta proyectar mi cultura en tatuajes negros y grises, con una mezcla de realismo y surrealismo”, dijo la residente de Santa Rosa.

La tinta negra que tatúa en la piel de sus clientes toma la forma de calaveras, pájaros, flores, glifos y patrones en espiral. Las imágenes hablan de su propia exploración cultural y espiritual durante la cual adquirió el nombre náhuatl de Amanalli, que corresponde a su fecha de nacimiento según el calendario mexica, el Tonalpohualli.

Vargas nació en Acolman, en el centro del Valle de México, a pocos kilómetros de la gran Pirámide del Sol en Teotihuacán, la antigua “ciudad de los dioses”. Pero tuvo que mudarse al norte para descubrir las raíces enterradas de sus parientes.

“La gente tiene otro estilo de vida aquí y nos olvidamos de nuestra cultura mientras tratamos de adaptarnos”, dijo. “Quería acercarme a mis raíces porque sentía que no pertenecía aquí. Aprendí mucho sobre la cultura mexicana aquí, y cuando regresé a México años después hablé con mi familia y ni ellos sabían de nuestros antepasados, de dónde venimos”.

Con la pandemia de coronavirus, los estudios de tatuajes se vieron obligados a cerrar en toda California. Eso incluyó a Meyer Ink en Santa Rosa, donde Vargas alquiló un espacio para tatuar. Acostumbrada a las transformaciones, tuvo que reinventarse en cuestión de semanas para seguir creando.

“Como madre soltera y autónoma, la ansiedad llegó de inmediato. Fue difícil tener que proveer y convertirme repentinamente en maestra de tiempo completo para mi hijo de 10 años. Llegué a un lugar de aceptación de que esta sería nuestra “nueva realidad” durante algún tiempo. Después de un par de semanas entramos en ritmo pero debido al cierre de negocios no pude trabajar como tatuadora”, dijo Vargas.

Sus habilidades para tatuar la ayudaron a tomar el pincel nuevamente y poner color en una serie de proyectos en Santa Rosa. Participó en la realización de un mural en el refugio para personas sin hogar Los Guilicos que ilustra las raíces culturales de una mujer sin hogar con orígenes Pomo que toca los tambores nativos americanos.

Con otros artistas locales, como Martín Zúñiga y Magali Larque, realizó una serie de murales en las paredes de lo que solía ser el Dollar Tree en Roseland, donde recientemente surgió el Mercadito Roseland como parte del proyecto más grande de Roseland Village.

Ahora se pueden ver nopales, mariposas, flores, maíz y pirámides en las paredes donde antes se vendían artículos para el hogar con descuento.

“Estas imágenes me dan vida y me recuerdan de dónde soy. Me enorgullece recordar a mis antepasados, aunque estoy lejos de casa”, dijo Vargas. “Me conecta con mi comunidad, inspirando a las personas a recordar de dónde vienen”.

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