Comunidad

Como dos jóvenes latinas se unieron al servicio público y se convirtieron en líderes del Condado de Sonoma

Meg McConahey
Written by Meg McConahey

El liderazgo comunitario a menudo es provisto por aquellos que tienen el conocimiento de la edad y la experiencia. Pero en el Condado de Sonoma muchos latinos más jóvenes se están presentando a adherirse al servicio público, tanto profesionalmente como de voluntarios.

Aquí hay dos jóvenes mujeres del Condado de Sonoma con títulos universitarios que escogieron aplicar sus pasiones y habilidades cerca de casa.

ARIANA DÍAZ DE LEÓN

Una abogada para el éxito

Creció en St. Helena, el corazón de Napa Valley, hija de padres inmigrantes mexicanos. Mas cuando se matriculó en un programa de un doctorado en administración pública en Sonoma State, Ariana Díaz De León se dedicó de lleno por el Condado de Sonoma.

Ahora la mujer de 31 años de edad trabaja para Community Foundation Sonoma County como una oficial mayor de programas, ayudando a asegurarse que organizaciones no lucrativas reciban los fondos que necesitan y que el dinero de subvenciones llegue a la gente que más lo necesita.

“Solo me enamoré del Condado de Sonoma”, dijo De León, “y desde entonces aquí me quedé”.

Una de las razones principales que ella ama a Sonoma es su “generosidad”, particularmente cuando se trata de hacer trabajo de voluntaria.

“A la gente le encanta unirse, especialmente cuando es por un buen propósito”, dijo ella.

Mientras que estaba en SSU, De León comenzó a buscar maneras de servir a su comunidad. Metió su solicitud con la Supervisora Lynda Hopkins para un nombramiento a la Comisión sobre el estatus de Mujeres que representan al Distrito 5.

“Trato de darle voz a las mujeres y niñas de Sonoma County y llevarla a la Junta de Supervisores para que sea lo que hagan, lo hagan con una conciencia de que hay una falta de equidad cuando se trata del género”.

Uno de sus esfuerzos ha sido trabajar en la Comisión del Proyecto de Juniors, el cual reúne a un grupo de alumnas de escuelas preparatorias mensualmente para trabajar en el proyecto.

“Se trata de dar capacitación y tener un cuerpo saludable y de hacer conciencia del tráfico humano y violencia doméstica”, dijo ella. “Estas jóvenes quieren hacer crecer su liderazgo y volverse mujeres poderosas”.

Durante su tiempo en Sonoma State trabajó como analista de datos, una experiencia “cercana a mi corazón”, dijo, dado a que le permitió buscar modelos y disparidades entre los estudiantes latinos y no latinos y cómo el éxito frecuentemente está entrelazado con los recursos disponibles. Su trabajo contribuyó al esfuerzo para que SSU ganara una condición como el de una Institución que Sirve a los Hispanos, haciendo a esa universidad elegible para recibir fondos federales para que se incremente el número de estudiantes hispanos en los campos de la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas y para mejorar la consejería, puestos de internos de estudiantes, tutoría, instalaciones, desarrollo profesional, investigación y otros programas enfocados en ayudar a que los alumnos tengan éxito.

Siendo hija de padres inmigrantes mexicanos, De León entiende los retos de los estudiantes de segunda generación y de los jóvenes. Su padre era un trabajador en los viñedos. Su madre laboró en fábricas en Los Angeles antes de mudarse al norte, casándose y trabajando por muchos años en la cafetería de la escuela St. Helena.

La graduada de Helena High School decidió estudiar trabajo social en Long Beach State, un campus que estaba lo suficientemente lejos como para que no se sintiera tentada de correr a casa en caso de que las cosas se pusieran difíciles.

Se unió a Community Foundation en junio de 2018. Técnicamente es una oficial mayor de programas pero prefiere que la llamen “Oficial de Impacto Comunitario”. Entre otras tareas, trabaja para coordinar fondos para agencias no lucrativas.

Cuando pegó la pandemia del coronavirus en marzo, ella y unos colegas trabajaban en el programa anual Julia L. Grant Basic Human Needs, el cual le da fondos a agencias que proveen asistencia de emergencia a clientes -dinero para reparar un auto o factura de la luz, por ejemplo- que pueda prevenir que financieramente se vengan abajo. Consciente que el impacto de la pandemia sería devastador, la fundación rápidamente se puso en marcha para estratégicamente enviar dinero a organizaciones que tenían un buen historial de entrar en acción durante desastres previos como los incendios Tubbs y Kincade y las inundaciones de West County.

“Cuando un desastre pega, no le va a pegar a todos por igual. Aquellos que para empezar tenían menos, se les va a hacer más difícil recuperarse. Y en el Condado de Sonoma hay una gran falta de equidad cuando se trata de oportunidades, trabajos y estudios”, dijo ella.

De León dijo que una preocupación particular para Community Foundation es la salud mental, particularmente en la comunidad indocumentada la que, incluso antes de que golpeara la pandemia, vivían con temor a las redadas.

“Podrían tener miedo de incluso pedir asistencia”, dijo ella. “Incluso pedir comida o ayuda financiera, no quieren que se les regrese y afecte su habilidad de obtener una residencia si es que llegan a tener esa oportunidad”.

Una de las organizaciones que fueron enfocadas para recibir apoyo fue la no lucrativa Humanidad, la cual provee terapistas bilingües y biculturales en una escala variable.

“Durante la pandemia ellos lo han estado haciendo gratis para gente envuelta en todo tipo de problemas. La gente no tiene que explicarse a sí mismo a alguien que tal vez sea de una cultura diferente que no pueda entender o empatizar”.

Tras los devastadores incendios de maleza, De León se unió de forma voluntaria con Undocufund, agencia que provee ayuda particularmente a inmigrantes indocumentados vulnerables.

“Hacía entrevistas con familias y obtenía su información y escuchaba sus historias, las cuales son increíblemente angustiosas, y pasaba esa información y esperaba que hubiese fondos para ellos o que al menos obtuvieran algo. Llegaron más de 4,000 solicitudes. Ni siquiera han recibido fondos para cubrir eso y es un tiempo que da miedo,” dijo sobre el fondo, el cual está siendo usado para ayudar durante la pandemia.

“Hay mucha generosidad y se da mucho pero hay una necesidad inmensa y eso es muy desalentador”.

STEPHANIE MANIERI

Sirviendo a la juventud

Cuando Stephanie Manieri supo que nadie se había presentado a lanzarse como candidata a la Junta de la Escuela de Santa Rosa para representar el sudoeste de Santa Rosa, lo primero que pensó fue, “¿por qué yo no?”

Tenía solo 23 años de edad y apenas cinco años que había salido ella misma de las escuelas públicas. Aunque todavía no sabía lo que implicaba el puesto, supuso que podía aportar algo único a la junta.

Siendo una latina joven, podía ser un puente valioso entre dos constituyentes que a veces se superposicionan y cuyas necesidades pueden a menudo permanecer en las sombras: la juventud y los latinos.

“Fui a esta junta donde el director de comunicaciones para el distrito estaba diciendo que hay estas vacantes y que nadie da un paso al frente para lanzarse”, dijo ella.

Manieri buscó el consejo de su tía, Isabel López, quien dirige la agencia no lucrativa Raizes Collective, la cual busca capacitar y educar a la gente joven de color mediante las artes y la justicia del medio ambiente.

“Ella dijo, ‘absolutamente que si podemos hacer esto. Te apoyaré. Tu familia te va dar apoyo”.

Ese respaldo le dio la valentía de lanzarse. Y dado a que lanzó su candidatura sin oposición, Manieri no tuvo que gastar tiempo y recursos para hacer una campaña.

“En cambio, usé el tiempo para construir relaciones”, dijo ella, “y aprender lo que hace un miembro de la junta escolar”.

A Manieri se le pueden conocer sus antecedentes con rapidez. Tiene un bachiller en salud pública y biología de Dominican University y una maestría en Leyes y Política de Salud de UC San Francisco. Fue criada en el barrio y asistió a escuelas a las que representa en la junta, incluyendo Cook Middle School y Elsie Allen High.

Empleada profesionalmente por Latino Service Providers para supervisar un programa de pasantes para 50 estudiantes de antecedentes diversos culturales y lingüísticos, Manieri, quien ahora tiene 24 años de edad, ha llegado a reconocer las brechas en nuestro sistema que hacen que les sea difícil a los latinos y otros grupos minoritarios tener acceso a servicios y recursos.

“Es realmente difícil para las comunidades que no han sido incluidas como parte de la comunidad más grande sentirse como si tienen una razón para estar acoplados de forma cívica”, dijo ella. “Eso es algo sobre lo que se tiene que hablar y discutir”.

Hay una multitud de barreras contra el hablar sobre eso como el lenguaje, la cultura y la disparidad económica. Por mucho tiempo Roseland, el corazón del distrito, no había sido incorporada, dejando a muchos de sus residentes sintiéndose desconectados con la ciudad y privados de sus derechos, dijo ella.

Manieri, quien nació en Santa Rosa, siente una conexión apasionada con esta esquina rica en diversidad de la ciudad donde pasó toda su vida. Ambos de sus padres son inmigrantes.

Su padre, Victor Manieri, un trabajador de la construcción independiente con herencia italiana, llegó de Venezuela. Su madre, María Catalán, vino de México cuando era joven.

Stephanie Manieri entró a dar su servicio comunitario a la edad de 19 años, cuando obtuvo un empleo coordinando una línea telefónica de crisis de 24 horas para The Family Justice Center, un centro de actividad para diferentes agencias, un trabajo que tuvo mientras estudiaba en la universidad y en su maestría.

A través de eso llegó a conocer muchas agencias, recursos y profesionistas en el mundo de las agencias no lucrativas que tienen motivaciones similares en ayudar a otros.

“Eso es lo que me mantuvo aquí”, dijo ella. “Conocía a mi comunidad y con quien trabajaba y a quien servía. Me enamoré de eso. Y sabía que había una oportunidad de hacer una diferencia en un lugar donde tengo relaciones y donde puedo tener la mayor influencia”.

Una de las decisiones más duras como miembro de la junta fue proceder con el cierre de Cook Middle School. Destrozada por las preocupaciones de cómo afectaría a Elsie Allen High el perder su principal escuela semillera y si las familias más pobres serían servidas por la escuela charter Cesar Chavez Language Academy que se mudaría al campus de Cook, estalló en llanto en una de las reuniones de la junta.

Pero al final apoyó dicha acción, respetando el compromiso que se había hecho anteriormente a una escuela de inmersión dual de habla hispana.

“Voté por mis principios. La historia de Cesar Chavez realmente es algo increíble y sucedió dado a que Doyle Park [la escuela] estaba cerrada por mucho tiempo. Esto fue un momento. Se sintió como justicia. Mucha gente trabajó muy duro para que Cesar Chavez se diera”.

Está muy preocupada por el impacto del cierre de las escuelas dado al brote de coronavirus. Se preocupa por los alumnos que intentan aprender remotamente, tal vez con menos apoyo técnico, cuyas familias están batallando financieramente.

Tal vez sean las únicas que trabajan en sus familias. Y se avecinan serios recortes presupuestarios.

“Realmente se ve mal, como algo peor que la recesión de 2008. Pero sé que vamos a estar bien. Me voy a asegurar que cualquier recorte que tengamos que hacer o cualquier decisión que tengamos que tomar, que no afectarán de forma desproporcionada a los estudiantes latinos y estudiantes inmigrantes y a nuestras familias que ya han perdido tanto”.

Manieri se casó en noviembre con Jorge Inocensio, un ingeniero de 27 años de edad de Keysight Technologies que se está lanzando para el concejo de Santa Rosa y es un ex alumno y compañero de Elsie Allen.

Durante el incendio Kinkcade del otoño pasado, Manieri asumió la tarea de traducir informes oficiales de fuentes locales de gobierno y funcionarios electos al español, algo que era muy necesario, y compartirlo con los medios sociales. A menudo, los funcionarios daban con sus traducciones y las “reposteaban”.

Actualmente es la directora del programa Latino Service Providers’ Youth Promotores, un programa de pasantes que capacita a los alumnos a hacer conciencia sobre la salud mental y otros temas de salud en sus comunidades.

“Muchos estudiantes en el programa vienen a nosotros con experiencias vividas y quizás tuvieron un padre y han visto su lucha a traves de retos de salud mental pero se niegan a buscar los servicios”, dijo ella. “Muchos estudiantes están conscientes de lo difícil que es promover la salud mental en su cultura y su comunidad y hay mucha pasión dentro de ellos por cambiar eso”.

Manieri espera que sus esfuerzos sirvan como modelo para otros jovenes.

“Mi esperanza es que la gente joven que sienten como que no tienen ningún poder querrán entrar en este tipo de posiciones”, dijo ella. “Así es como yo me sentí cuando era más joven. Cuando estaba en Cook o Elsie, sentía que nadie me escuchaba. Sentía que a nadie le importaba. Cada vez que estamos tomando una conversación en la junta, siempre la veo desde la perspectiva de cómo una persona joven de la preparatoria podría ser afectada por esto. Quiero que la gente joven vea que si tienen una voz y que deberían de usarla”.

Click here for reuse options!
Copyright 2020 La Prensa Sonoma