Comunidad

Club de boxeo Double Punches brinda un espacio sano para jóvenes en riesgo

El sonido de la pera de boxeo resonaba en el gimnasio.

Era el año de 1964 en Los Ángeles, y el entonces Richard López, de 10 años, entró al gimnasio en su camino a casa desde la escuela para ver entrenar a los boxeadores. Sus acosadores en la escuela habían sido implacables, golpeándolo todos los días en el patio de la escuela y robándole el dinero del almuerzo.

“Sólo empecé a ir para ver”, dijo López, que ahora cuenta con 64 años. “Un día, un entrenador me vio sentado y comenzó a mostrarme algunos movimientos“.

Pronto su nuevo entrenador quería ponerlo en el cuadrilátero de boxeo. Subió al ring, nervioso. Cuando dio vuelta, descubrió que su oponente era el mismo cabecilla de los malosos en su escuela. López fue vencido, nuevamente.

“El entrenador sintió lástima por mí, pero después de más entrenamiento volví al ring con el mismo tipo”, dijo López. “Tan pronto como sonó la campana, corrí y lo empecé a golpear. El entrenador tuvo que alejarme y ese tipo nunca me molestó más, pero estaba seguro de que nunca usaría mis habilidades boxísticas para ser un acosador”.

Los años pasaron. A los 15 años, López se convirtió en padre. A los 17 años, comenzó a juntarse con pandillas locales y lo enviaron a vivir con una tía en Geyserville para no meterse en problemas.

“Vine aquí con la idea de poder obtener mi propio territorio (de pandillas)”, dijo López. En cambio, encontró un lugar donde no tenía que mirar por encima del hombro.

“Me sentía libre y no tenía que seguir mirando a mis espaldas”, dijo López. “Tenía libertad para caminar, disfrutar del campo, ir al centro y no tener que preocuparme”.

Anduvo entre Los Ángeles y el condado de Sonoma por un tiempo. Después de que un día salió de un Safeway con su hija pequeña y vio a un hombre agitar un machete frente a ellos, decidió que era hora de mover a su familia hacia el norte de una vez por todas.

Pensé en el condado de Sonoma como una zona segura, así que volví”, dijo López.

Consiguió un trabajo en la ciudad de Santa Rosa, trabajando primero para el Departamento de Servicios de Agua y luego para Parques y Recreación. Se casó con su esposa, María López, en 1984.

Todavía le encantaba el boxeo y lo practicaba en sus ratos libres. Alrededor de 1990, un tiroteo entre pandillas en Roseland perturbó a López.

“Le dije a la ciudad: ‘Ustedes tienen que hacer algo'”, dijo López. “Un amigo mío de la Cámara de Comercio me dijo: ‘Haz algo’. Fue entonces cuando comencé a tener un sentimiento por querer hacer la diferencia“.

López no creía tener la visión o el talento para ser un catalizador del cambio. Pero podía boxear. Sólo tenía un garaje para un automóvil, pero decidió comenzar a invitar a los niños a boxear ahí.

“Solía ​​tener un garaje para un sólo automóvil y una minivan inservible”, dijo Alex Ventura, un ex alumno de López. “Cada vez teníamos que empujar su minivan muerta afuera del garaje y sólo teníamos dos peras y dos sacos para boxear“.

Los niños seguían llegando al garaje. Finalmente, se convirtió en un garaje para dos autos. Los vecinos se quejaron y pudieron conseguir un espacio pequeño en Dutton Avenue. En 2005, López habló en una reunión del Club de Rotarios y un capitán del Salvation Army lo persiguió por la puerta para conversar.

El capitán le ofreció una asociación de prueba de dos años para el gimnasio de boxeo de López, con el campus local del Salvation Army en Stony Point Road. López estuvo de acuerdo, y el club de boxeo Double Punches renació.

El programa atiende a jóvenes en riesgo en el vecindario y contiene un componente de tutoría que requiere que los niños hagan sus tareas antes de que se les permita boxear. Los niños son referidos a través de múltiples agencias, incluyendo el Tutelar de Menores, personal administrativo y consejeros escolares dentro de los distritos escolares de Roseland y la ciudad de Santa Rosa, así como Santa Rosa Violence Prevention Partnership.

“No se trata de crear boxeadores (aunque tienen campeones estatales); se trata de fortalecer su carácter y darles un espacio saludable para prosperar“, dijo el mayor Rio Ray, actual oficial al mando de la sucursal de Salvation Army de Santa Rosa. “El compromiso de Richard y María López de ver que las vidas cambian a través de este programa es notable”.

La estudiante de Sonoma State University, Doris Picazo, le da crédito al boxeo por salvarle la vida.

“Sufro de mucha ansiedad y depresión, y soy una víctima sobreviviente de agresión sexual”, dijo Picazo. “El boxeo salvó mi vida; me ayudó a convertirme en una mujer fuerte e independiente“.

Picazo encontró el club Double Punches a través de un primo, y comenzó a entrenar. López le pidió a Picazo que peleara un día, y pronto a competir. Ella participó en su primer torneo femenino en 2012.

“Al principio me sentí intimidada, pero me enamoré del deporte”, dijo Picazo. “Fue empoderante. También me ayudó a sobrellevar y ayudar a que mi mente se mantuviera enfocada”.

Picazo cree que el programa ha demostrado cómo conectarse con los jóvenes en la comunidad y ve el programa como una influencia positiva en sus vidas.

El gimnasio se expandió recientemente a un espacio más grande en el campus del Salvation Army en mayo de 2018. El programa atiende a más de 100 estudiantes locales en niveles de clases múltiples que van desde la escuela primaria hasta la edad universitaria.

“Los niños crecen y se involucran en el boxeo en lugar de involucrarse con las pandillas, por lo que tiene un impacto en sus vidas”, dijo Picazo.

Ahora en su último año en Sonoma State University, Picazo se está especializando en sociología y justicia penal.

“Estoy buscando seguir una carrera en la aplicación de la ley”, dijo Picazo. “Estoy interesada en ser una oficial de libertad condicional”.

Double Punches originalmente recibió fondos a través de una subvención filantrópica local de la familia DeMeo, y ahora recibe fondos tanto a través del Salvation Army como del programa de subvención Measure O de Santa Rosa Violence Prevention Partnership.

“La organización atrae a muchos niños que son impactados por las pandillas y les enseña habilidades positivas“, dijo Salvador Sánchez Strawbridge, un especialista de alcance comunitario con Santa Rosa Violence Prevention Partnership. “Richard proviene de una cultura de la calle y es muy bueno demostrando compasión y comprensión acerca de dónde vienen los niños”.

Sánchez Strawbridge señaló que el programa también es único en cuanto a cómo se enfoca en tres áreas: atletismo, academia y crecimiento personal.

“Los niños tienen que hacer su tarea primero incluso antes de boxear. Nunca he visto algo así como un servicio integral en un gimnasio”, dijo Sánchez Strawbridge. “Este es un esfuerzo concentrado para tratar con toda la persona y no sólo con el boxeo“.

Jonathan Rubio, de 18 años, recién graduado de Elsie Allen High School, cree que el programa lo ayudó a graduarse.

“Mi madre falleció cuando tenía 10 años”, dijo Rubio. “El boxeo estaba allí para mantenerme en el camino correcto y no desviarme. Mi padre y Richard estuvieron allí para apoyarme”.

Rubio ahora es competitivo en el boxeo: es un campeón olímpico junior de peso ligero de 130 libras, y espera formar parte del equipo juvenil de boxeo Team USA este año. También planea asistir a la universidad el próximo año y está considerando una futura carrera en la aplicación de la ley.

“El boxeo me ayuda con mi enfoque, cuando sé que no estoy concentrado, sé que puedo ir al gimnasio y concentrarme”, dijo Rubio. “También me ayuda con las habilidades para la vida y a ser responsable”.

López cree que desarrollar a la persona completa es clave, así como también crear mentores positivos para los niños que provienen de hogares monoparentales.

López siente que el impacto del club es el propósito de su vida: “No es cuánto dinero ganas, sino cuántas vidas tocas”, dijo López. “Cualquiera que sea tu propósito, siempre ponlo primero”.

Escrito por la periodista independiente Melody Karpinski para The Press Democrat.

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Posted by La Prensa Sonoma on Wednesday, February 7, 2018

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