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Andy López es recordado cinco años después de haber sido asesinado por oficial del Condado de Sonoma

Julie Johnson
Written by Julie Johnson

Hace cinco años y un día, Andy López era un niño de 13 años que bromeaba, amaba la comida y encarnaba todo lo que viene de ser un niño de secundaria en Santa Rosa, el segundo hijo de una familia inmigrante.

Después de su repentina muerte el 22 de octubre de 2013, su nombre cobró nueva vida más allá de la acera de Moorland Avenue, donde fue asesinado por un oficial del alguacil del Condado de Sonoma que le disparó después de confundir la pistola de aire comprimido del chico con un auténtico fusil de asalto AK-47.

El lote alguna vez vacío en el que murió López ha sido transformado, de un terreno irregular e infestado de maleza al Andy’s Unity Park, con jardines paisajísticos, un parque para patinaje y un juegos infantiles. Tiene un monumento piramidal permanente a López con fotos de su corta vida encerrada detrás de cristales que el lunes por la noche fue iluminado con velas para conmemorar los cinco años de su muerte.

“Así pasen cinco o diez años, esta fecha será importante y muy triste”, dijo Gloria Hernández, de Windsor, amiga de la familia López. “Fue muy cruel, lo que le hicieron”.

Su muerte generó un año de tensas relaciones entre la policía y la comunidad en el condado de Sonoma, misma que continúa hoy, y que puso a prueba el liderazgo del entonces alguacil Steve Freitas y llevó al condado a instalar el primer vigilante independiente para revisar las políticas e investigaciones internas de la Oficina del Alguacil.

El nombre de Andy López vino a significar un desequilibrio entre las comunidades de color y la aplicación de la ley. Para muchos en el Condado de Sonoma, su nombre indica la peor pesadilla de los padres y el resultado que ningún oficial de la ley quiere cuando elige disparar su arma.

Hernández estuvo entre las 50 personas que se reunieron el lunes por la noche en el Parque de Andy en las avenidas Moorland y West Robles en la no incorporada Santa Rosa, para una evocación informal con danzantes aztecas, tambores y oraciones de la comunidad.

Los padres de López, Sujay Cruz y Rodrigo López, estaban visitando Santa Rosa desde el sur de California, donde se mudaron unos seis meses después del asesinato, pero optaron por conmemorar en privado.

Muchos de los que se reunieron el lunes son activistas motivados por la muerte del niño para presionar por cambios en las prácticas policiales y han pedido repetidamente al condado que responsabilice al oficial por el tiroteo.

Para otros, el nombre Andy López no es simbólico, sino que pertenece a un niño de verdad, el tipo de adolescente que bromearía dibujando con un marcador la cara de un amigo dormido.

Melissa Díaz, de 14 años, tenía sólo 9 años en el momento del tiroteo.

López era el mejor amigo de su hermano Luis y visitaba su casa casi todos los días.

“Me ayudaba con mi tarea cuando era pequeña”, dijo Díaz, quien dijo que López es su hermano espiritual. “Estaba en mi casa todo el tiempo y decía: ‘Prepararé comida, algo bueno, a ustedes les va a encantar'”.

López caminaba a la casa de los Díaz la tarde en que fue asesinado. Melissa Díaz recordó el caos de esa tarde, las lágrimas y la incredulidad.

“Él no debió haber cometido ese error”, dijo sobre el oficial.

López caminaba hacia el norte por Moorland Avenue, como lo había hecho tantas veces antes.

Llevaba una pistola de aire comprimido diseñada para parecerse a un AK-47.

Le faltaba la punta naranja que indicaba que era de utilería.

El agente Erick Gelhaus, un copiloto en una patrulla, saltó afuera del automóvil, gritó una advertencia a López para que soltara el arma y luego le disparó a López, impactándolo siete veces. Gelhaus dijo que recurrió a la fuerza mortal cuando López, quien daba la espalda a los oficiales, comenzó a girar y al mismo tiempo comenzaba a levantar el cañón de la pistola.

El tiroteo llevó a semanas de protestas, con niños saliendo de las escuelas para marchar, desde la Oficina del Alguacil al centro de Santa Rosa.

La fiscal de distrito Jill Ravitch liberó a Gelhaus de irregularidades, luego de una investigación de cinco meses.

Sus padres han demandado al condado, a la oficina del alguacil y a Gelhaus en un caso federal de derechos civiles que está programado para ir a juicio el próximo año.

En la remembranza del lunes por la noche, la activista comunitaria Ana Salgado, de Santa Rosa, recordó haber intentado conducir por Moorland Avenue después de ir al DMV cercano, y haber sido alcanzada por un oficial quien le dijo que un latino había sido asesinado.

Salgado no conocía a López ni a su familia, pero el tiroteo la afectó profundamente de una manera que la llevó a hablar en reuniones de la ciudad y el condado para garantizar que se escuchen las perspectivas de la comunidad latina sobre las relaciones entre la policía y la comunidad.

“Algo en mí dijo: ‘Ya es suficiente. Despierta y haz algo’“, dijo Salgado.

The Press Democrat [English version]

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Posted by La Prensa Sonoma on Thursday, October 18, 2018

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