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Wells Fargo sacó provecho de trabajadores indocumentados en Petaluma

Paul Payne
Written by Paul Payne

The Press Democrat [English version]

Cuando el negocio estuvo bajo en la sucursal de Petaluma, un ex empleado de Wells Fargo dijo que su gerente tuvo una inusual solución para cumplir con las agresivas metas de ventas del banco.

Los empleados latinos fueron instruidos para reunir a unos inmigrantes indocumentados que se congregaban afuera de una tienda de 7-Eleven cercana, los llevaron al banco y los hicieron firmar para abrir cuentas de cheques y de ahorros, según una declaración bajo juramento de Denny Russo, un ex cajero de Wells Fargo, sucursal en Petaluma.

Mis colegas iban y venían constantemente de este lugar para tratar de cumplir con sus objetivos de ventas”, dijo Russo.

Las acusaciones están contenidas en una demanda presentada por accionistas de Wells Fargo contra el banco de San Francisco, el cual ha sido sacudido por revelaciones de que empleados en sucursales de todo Estados Unidos suscribieron a clientes para millones de cuentas que nunca solicitaron.

El escándalo condujo a la salida del director ejecutivo, John Stumpf, el otoño pasado, el despido de miles de empleados y $185 millones en multas de los reguladores. También provocó varias demandas colectivas para recuperar millones en bonos ejecutivos.

El portavoz del banco, Rubén Pulido, dijo que las prácticas descritas en la sucursal de Petaluma son “ofensivas, inconsistentes con nuestras políticas, valores, y con las relaciones por las que trabajamos duro para construir en nuestra comunidad”.

“No se equivoquen, esas actividades siempre han estado en contra de nuestras políticas y valores”, dijo Pulido en un comunicado. “Confiamos en que nuestras prácticas y medidas para protegerse contra tales abusos son más fuertes que nunca. En pocas palabras, actividades como las descritas en las acusaciones no serán toleradas“.

Los abogados de accionistas acusan a la junta directiva del banco de darse por desentendidos de los tratos no éticos, que dicen, plantean preguntas sobre cómo opera toda la industria.

“Francamente, este es un caso escalofriante”, dijo el abogado de San Francisco y ex supervisor Louise Renne, quien representa a varios accionistas. “Si este es el modo en que operan otros bancos, y Wall Street, todos estamos en un gran problema“.

Wells Fargo la semana pasada trató de que el caso fuera desestimado en el Tribunal Superior del Condado de San Francisco. Un juez tomó el caso.

Los accionistas alegan que los ejecutivos y los miembros del concejo no supervisaron adecuadamente las prácticas del banco, incluyendo las medidas drásticas que los trabajadores se sintieron obligados a tomar para cumplir con las onerosas metas fijadas por los gerentes regionales.

Las demandas incluyen declaraciones de ex empleados en California, Utah, Wisconsin y Arizona, que detallan prácticas que dicen fueron empujados a hacer para atraer a nuevos clientes y abrir cuentas —tanto las legítimas como las no autorizadas.

Kelsey Hess, quien trabajaba en una sucursal de Wells Fargo, en un suburbio de Salt Lake City, dijo en su declaración que los empleados fueron alentados a ir a las obras de construcción cercanas, buscar a los trabajadores que estaban indocumentados en el país y abrir cuentas no autorizadas en sus nombres.

Ricky Hansen Jr., ex empleado de Wells Fargo en Arizona, dijo que el banco empujó cuentas de tarjetas de crédito a los nativoamericanos locales, que iban a las sucursales de Wells Fargo para cobrar cheques tribales.

“En las semanas posteriores a cada día de cobro de cheques, los miembros de la comunidad indígena inundarían la sucursal con quejas sobre cuentas no deseadas, tarjetas de débito y de crédito que no ordenaron, excesivos cobros de cuentas que nunca solicitaron”, dijo Hansen en su declaración.

Angela Payden, que trabajaba en una sucursal de Hudson, Wisconsin, dijo que los empleados de su sucursal iban a un campus de la Universidad de Wisconsin, a 12 millas de distancia, para hacer firmar a los estudiantes para abrir cuentas bancarias y luego abrir otras cuentas en nombre de los estudiantes.

En Petaluma, las acusaciones esbozadas por Russo tuvieron lugar en una sucursal que solía ser propiedad de Wachovia y World Savings, antes de ser adquirida por Wells Fargo en 2008. No estaba claro a cuál de las tres sucursales de Wells Fargo en Petaluma se refería. Una mujer que contestó un teléfono el jueves, en la sucursal de South McDowell Boulevard, se negó a hablar sobre Russo y dirigió cualquier pregunta a la oficina corporativa del banco.

Russo, quien era un cajero con trayectoria, tenía 15 años en la rama de Petaluma. Tras la adquisición de Wells Fargo, Russo dijo que sus antiguos clientes comenzaron a quejarse de que recibían múltiples tarjetas de débito y crédito que nunca habían solicitado. Atribuyó las tarjetas al agresivo programa de promociones del banco, llamado Solutions, que vinculaba el pago de los empleados a bonos por la apertura de nuevas cuentas.

“Varios de estos clientes de edad avanzada se quejaron conmigo de que cada vez que se reunían con un banquero local en Wells Fargo, por cualquier motivo, más de 9 o 10 nuevas tarjetas de débito eran emitidas en sus nombres sin su autorización“, dijo Russo en una declaración dada en abril.

Dijo que el ambiente de “olla de presión” llevó a muchos empleados a participar en otras prácticas cuestionables, para mantenerse al día con las irrazonables metas.

En particular, dijo que los empleados latinos fueron instruidos para ir al 7-Eleven, en la cuadra 400 de la calle Washington, y “acorralar” a jornaleros que esperaban trabajo afuera de la tienda, convenciéndolos de que necesitaban las cuentas para evitar pagar para cobrar un cheque.

Dijo que otros compañeros banqueros iban y venían de la tienda, trayendo gente a la sucursal para abrir cuentas. Ellos atrajeron a clientes potenciales ofreciéndoles renunciar al cobro por cambio de cheques si se inscribían, dijo Russo.

“Basándome en discusiones con otros empleados y gerentes de Wells Fargo, era consciente de que estas prácticas no eran aisladas para la rama de Petaluma en la que trabajaba, sino que también estaban extendidas por todo California“, dijo Russo.

Cuando Russo dijo que se quejó de la práctica y otros asuntos con el gerente de la sucursal, Didier Girón, le dijo que gerentes en todo el Área de la Bahía estaban bajo “tremenda presión” para incrementar las ventas.

Renunció por su propia voluntad poco tiempo después, dijo.

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