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Love comes to a Sonoma County vineyard for Father’s Day

Ricardo Ibarra
Written by Ricardo Ibarra

ENGLISH

[Español abajo]

Scarlett Rose, 4, runs between the grape vines towards Rosendo Avila. ¡Papá!,” she shouts in Spanish before jumping up to his arms. When he manages to carry her, the physical difference between them becomes obvious. She has long blond hair below her shoulders. Her skin is white. He has dark eyes and hair, skin roasted by long working hours under the sun.

Avila is actually Scarlett’s stepfather. Six months ago he married her mother, now Mrs. Samantha Avila, in one of the oldest barns in Sonoma County at The Gables Wine Country in southwest Santa Rosa. He enjoyed a honeymoon in Lake Tahoe. And this Sunday June 18 he’ll celebrate Father’s Day for the first time in company of his daughter and wife.

“It’s a wonderful thing to be a dad. Living with her (Scarlett) is a new life for me, because she teaches me a lot. I can’t understand why parents derail away from their children. You have to teach them how to grow, that’s what being a father means, not just having them,” Rosendo said before his daughter arrived to greet him with hugs and laughter.

Rosendo and Samantha met at one of the wine parties thrown at Emeritus Vineyards in 2015, where he’s worked in the Pinot Noir grape fields since 2001. She was part of the tasting room crew. “We fell in love,” said Rosendo.

He’s the hardest working man I’ve ever met. And then at the end of the day he still comes back home and is an excellent father and husband,” said Samantha, who came to visit him at Emeritus Vineyard in Sebastopol, where they first met. “Here’s where it all started,” she said.

With two titles earned at the Sonoma County Pruning Championship, the first in 2015 and the second in 2017, Rosendo has also earned for Samantha the “hardest working man” title, as he became the fastest farmworker in Northern California this year.

And Samantha credits him as the best dad: “He’s not Scarlett’s biological father, but she calls him dad and he’s who she knows as her father. He’s the one that’s there when she is sick or hurt or happy,” she said.

Relatives and friends couldn’t believe Samantha and Roberto had something going on. She’s originally from a town in Missouri, he’s from Guanajuato, Mexico. But the biggest barrier, people thought, was the language. Few knew Rosendo was taking English classes and that Samantha tries to exchange words with him in Spanish. “Scarlett speaks more Spanish than Samantha, always asking me questions of how to say this or that,” he said, with a proud father’s smile. Dressed in pink cowboy boots and with a princess crown on her head, Scarlett recites some of the words she’s learned in Spanish, at her mother’s request: ‘Hola,’ ‘¿cómo estás?,’ ‘salud,’ ‘papá.’

Will they have more children? He says they’re planning it for the future. She: “He’ll have 100, I’m stopping him probably at two or three.”

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ESPAÑOL

Vino el amor a trabajador de la uva en el condado de Sonoma

Scarlett Rose, de 4 años, corre entre las viñas de uva hacia Rosendo Ávila. “¡Papá!”, le grita antes de saltar a sus brazos. Cuando logra cargarla, las diferencias físicas entre ambos son evidentes. Ella tiene el cabello largo, por debajo de los hombros, y rubio. Su piel es blanca. Él tiene el semblante moreno, tostado por las laboriosas horas bajo el sol. Tiene los ojos y el cabello oscuro.

Ávila es en realidad el padrastro de la niña Scarlett. Hace apenas seis meses se casó con su madre, ahora la señora Samantha Ávila, en uno de los graneros más viejos del condado de Sonoma, ubicado en The Gables Wine Country, en el sudoeste de Santa Rosa. Fue de luna de miel a Lake Tahoe. Y este domingo 18 de junio celebrará por primera vez el Día del Padre, con nueva hija y esposa.

“Para mí, ser papá, es la cosa más bonita. Es algo hermoso ser papá. Maravilloso. Vivir con ella (Scarlett) es como una nueva vida, porque te enseña mucho. Vas aprendiendo mucho. No entiendo a muchos padres que se descarrilan lejos de los hijos. Hay que enseñarlos a crecer, eso es ser padre, no nada más engendrarlos”, dijo Rosendo antes de que llegara su hija para asaltarlo con risas y abrazos.

Rosendo y Samantha se conocieron en una de las fiestas organizadas por Emeritus Vineyards, en 2015, donde él trabaja en los campos de uva pinot noir desde 2001. Ella era parte del equipo en la sala de degustación de vinos. “Nos enamoramos”, dijo Rosendo, utilizando una sola línea para describir lo que pasó entre ellos, cómo empezó su relación.

“Es el hombre más trabajador que he conocido. Y al final del día vuelve a casa y es el mejor padre y esposo”, dijo en inglés Samantha, quien fue a visitarlo al viñedo de Emeritus, en Sebastopol, donde se conocieron. “Aquí comenzó todo”, dijo.

Sin duda, dos títulos obtenidos en el Campeonato de Poda en el Condado de Sonoma, el primero en 2015 y el segundo en este 2017, acreditan a Rosendo como un hombre trabajador, y como uno de los campesinos más ágiles en la industria de la uva en la región.

Y Samantha lo acreditó como el mejor de los papás: “No es el padre biológico de Scarlett, pero ella le llama papá y es a quien conoce como su padre. Es él quien está ahí cuando está enferma o triste o feliz”, sostuvo.

Familiares y amigos no creían que Samantha y Roberto tuvieran una relación. Ella es de Missouri. Él de Guanajuato, México. Pero la barrera más grande, creían, era la del lenguaje. Pocos sabían que él tomaba clases de inglés. Y que ella intenta intercambiar palabras en español con él. “Scarlett habla más español que ella, me hace muchas preguntas”, indicó Rosendo, con el gesto de un padre orgulloso. Vestida con botas vaqueras rosadas y con una corona de princesa sobre la cabeza, la niña recita algunas de las palabras que sabe en español, a petición de su madre: “Hola”, “cómo estás”, “salud”, “papá”.

Al final, la pregunta obvia: ¿Tendrán más hijos? Él responde que en un futuro, seguro. Ella: “Él quizá tendría 100, pero yo lo voy a parar en dos o tres”.

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