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Familias enfrentan pérdida de casas y empleos durante incendios en el Norte de California

Ricardo Ibarra
Written by Ricardo Ibarra

“Fue el lunes como a la una de la mañana. Estamos dormidos. Mi esposo se despertó, miró por la ventana y miró la lumbre que estaba encendida en nuestra yarda,  pues nos despertó a todas en la casa, a mi mamá, mi hermana y nos dijo, nos tenemos que ir porque afuera de la casa hay lumbre y viene rápido por el viento”.

Es la historia de Sulema Flores Zepeda, mujer nacida en Santa Rosa de padres mexicanos. Sólo una de miles de personas evacuadas de sus casas esta semana pasada por los incendios que arrasaron con varios condados en el norte de California. El fuego original prendió en el condado de Napa el domingo por la noche, y con ráfagas de hasta 60 millas por hora, en unas horas, el incendio había atravesado la zona rural del condado de Sonoma, y después, a la densamente poblada zona urbana del norte de Santa Rosa, donde Sulema dormía en la casa que ahora está convertida en cenizas, como lo están cerca de siete mil estructuras residenciales y comerciales en todo el condado de Sonoma.

“Pánico. Miedo. Salimos de la casa y sentimos el calor del fuego, el viento. Decidimos llevarnos la camioneta y el carro de mi hermana, y ya nos subimos y en la calle se miraban las brasas, y con el viento se miraba como un río de brasas”, recordó Sulema sobre el catastrófico escenario que encontró al huir de las llamas en el vecindario de Fountaingrove, una de las zonas residenciales más castigadas por el fuego en Santa Rosa.

Esa madrugada del lunes, Sulema y su familia —esposo, madre, hermana y cuñado— viajaron al norte a Windsor, para encontrar refugio en casa de parientes, un trayecto que en un día normal tomaría 15 minutos terminó después de tres horas en el automóvil, debido a la inusual cantidad de conductores que habían tomado las vías carreteras prácticamente al mismo tiempo.

Toda esa primera semana, mientras múltiples fuegos en los condados de Sonoma, Napa, Mendocino y Yuba se extendían, cambiaban de trayectoria, y parecían no detenerse ante nada, Sulema y su esposo Jesús Zepeda visitaron refugios temporales instalados en escuelas, iglesias y centros comunitarios para obtener algo de comida, papel higiénico, y ropa, pues escaparon del fuego prácticamente con lo que llevaban puesto.

“Agarré los papeles importantes, la computadora, y salimos corriendo. Me acordé después de mis pajaritos, pensé que estarían bien, pero se fueron con todo y casa”, contó Sulema con las lágrimas a punto de brotarle en cada palabra.

Después de algunos días se la tragedia, Sulema ya comienza a pensar en la reconstrucción de la casa de la cual era propietaria, pero ahora su preocupación es que en la actual carencia de viviendas en todo el condado de Sonoma, las rentas vayan a ser inalcanzables.

“Antes de esto las casas ya estaban bastante altas para rentar y para comprar. La gente no puede pagar tanto dinero. En lugar de que nos ayuden, no es justo. Deberían pasar una ley o algo, hacer un plan, hay mucha gente que va buscar una casa de renta y necesitamos una ley para que no puedan subir los precios”.

Antes de pensar en rentar una casa, en el Centro Laboral de Graton, un refugio para trabajadores inmigrantes indocumentados, Nico dijo tener miedo, miedo de que vuelva el fuego, porque no tiene un empleo, porque no tiene un hogar para su familia.

“Pues con temor, oiga, vivimos con ese miedo. No descansa uno a gusto. Y pues vine aquí al centro porque el trabajo está perdido total, íbamos a tener un trabajo aquí por el Montecito, y pues se perdió todo. Yo trabajo en las piedras, todo tipo de acabados, ese es mi oficio”, dijo el trabajador de la construcción.

Y hay otros que ya han empezado a trabajar en los campos, ahora que es el final de la cosecha de uva para la producción de los selectos vinos del norte de California, pero las condiciones no son favorables. Mientras pizcaban, el aire estaba contaminado por el humo ocasionado por los incesantes incendios, explicó el trabajador agrícola José Tamayo.

—Me ha tocado, trabajar así, con el humo, dijo Tamayo.

—¿Y cómo se siente?, preguntamos.

—No pues insoportable, se te irritan los ojos, y lamentablemente a veces no puedes trabajar aunque tengas el tapaboca.

Una cuestión que ha destacado en el estado de emergencia, declarado por el gobernador de California Jerry Brown el martes y al día siguiente Donald Trump, es la falta de información actualizada en español.

“Me di cuenta por la televisión, lo que estaba viendo con mis propios ojos. Las personas que vivimos en ese hogar estuvimos viendo las noticias en inglés y el motivo es que hasta la tarde hubo noticias en español”, comentó Tamayo, quien no entiende la lengua inglesa.

Y no sólo en los noticieros, la información en español no llegaba de ninguno de los niveles de gobierno del condado, de ciudades y pueblos locales. La comunidad organiza una red de traductores que vinculan información actualizada en redes sociales y en los refugios para damnificados, según Jazmín Gudiño, una de las voluntarias que comenzó con las traducciones.

“Es un esfuerzo de gente voluntaria, creo que las personas que trabajan en el condado o en la ciudad, que son anglosajonas, tiene buenas intenciones pero no siempre se les viene a la mente la comunidad hispana porque tal vez ellos o personas cercanas a ellos no tienen esta necesidad”.

Apenas el domingo pasado, las autoridades ofrecieron la primera rueda de prensa en español, y la Oficina del Alguacil del Condado de Sonoma comenzó a emitir breves alertas en español a mediados de la semana pasada. Y el viernes, la ciudad de Santa Rosa anunció que lanzaba una línea de teléfono en español para preguntas relacionadas con el incendio más devastador en la historia de la región.

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